Blog 
Pantalla Grande
RSS - Blog de Alberto Frutos Díaz

El autor

Blog Pantalla Grande - Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


Archivo

  • 18
    Septiembre
    2011

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    El árbol de la vida - A verso descubierto

     

    El ser humano como liturgia de las despedidas. Como inicio y fin de todo. Como constante río de encuentro, desencuentro y, finalmente, reencuentro. Como pozo de terror, incertidumbre, deseo. Como tormenta de fiereza y desesperación. Tan autoritario como un dinosaurio que impide a su cría levantarse. Como un microcosmos donde lo simple y complejo, lo minimalista y excesivo se abrazan hasta dar forma a una imagen tan conmovedora como extraña. Universal y, a la vez, personalísima. El ser humano como vehículo para crear y destruir desde las entrañas, para liberar a la bestia y, instantes después, encerrarla bajo la llave de lo autoritario. Tras una caricia, un golpe. Todo ello bajo la misma mirada que observa los diminutos pies de un recién nacido y, años después, encierra a esa misma criatura en un armario. El ser humano como espejo diminuto de toda la, inmensa, belleza que le rodea, como explicación final del inicio y final, sin epílogo, del universo, del estallido de lava y fuego, del desierto de cristal de una ciudad y de la arena ardiente que nos conduce a un paisaje marítimo. En definitiva, el ser humano como figura inabarcable al que su infinita complejidad solo admite un acercamiento a través de la reflexión, en este caso, poética. Observar en silencio, escuchar las imágenes. Algo que el cine nunca había realizado de manera tan abrumadora como lo acaba de hacer Terrence Malick en ‘El árbol de la vida’.

    El autor, pocos merecen más el término que él, de obras tan maravillosas como ‘Malas tierras o, especialmente, ‘La delgada línea roja’, ha conseguido con su nuevo trabajo depurar hasta el límite su discurso estético y argumental, elevando al máximo exponente sus características más representativas que, además, pasan a ser el mayor de sus logros. Ante un reto como el que plantea el guión de ‘El árbol de la vida’, donde el núcleo de una familia de los años 50 marcada por la figura durísima de un padre (magnífico Brad Pitt) y el crecimiento físico y mental de uno de sus hijos  (espectacular Hunter McCracken) se dan la mano con el origen del universo, tratando de hilar ambos y crear lazos de conexión, no cabe otra opción que la que toma Malick, la de utilizar su poesía visual, la narrativa dispersa pero, a la vez, llena de coherencia interior. Todo ello apoyado por una selección musical, apoyada por el gran Alexandre Desplat, que canaliza el poder implícito de unas imágenes poderosísimas, de una belleza hipnótica.

    ‘El árbol de la vida’ nace como obra inconmensurable, de forma y contenido inabarcable, demostración del cine como auténtico arte, arriesgado, difícil pero plenamente satisfactorio. Hablar de lo que habla Terrence Malick en su nuevo trabajo sin quedarse en la superficie es, casi, imposible. Alcanzar su profundidad real, una meta que requiere un esfuerzo total, tras el que uno puede acabar exhausto. El ser humano nunca será capaz de comprenderse, de entender en su totalidad la razón de sus pasos, donde comenzó su historia y, sobre todo, donde terminará. Puede que, al final del camino, nuestras huellas nos lleven a esa orilla del mar donde el pasado y el presente se dan la mano, sin ser conscientes de hacia dónde nos dirigimos. Porque siempre habrá un “¿por qué?” sobrevolando el horizonte. Hasta entonces podemos seguir observando el vuelo de una gaviota sobre nuestra cabeza, una imagen, tan cotidiana y tan bella tras la que se esconden tantas respuestas como preguntas. Mallick las ha planteado de una manera maravillosa. Encontrando el verso que se esconde en cada una de ellas.

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook