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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 02
    Febrero
    2014

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    'La gran estafa americana' - Quitarse el peluquín

     No os voy a engañar, detesto el cine de David O.Russell. Ese director tan 'personal', tan 'extravagante' y tan 'ponga aquí un adjetivo que le venga grande', no ha parido, hasta la fecha, una sola película que me parezca algo más que una estupidez llena de aspiraciones artísticas frustradas. Su manera de dirigir, su forma de contar las historias, su talento para llevar todo al exceso entendido como un grito insoportable más que como un himno al que sumar voces ha ido creciendo en cuanto a público, crítica y, sorpresa, premios. O candidaturas, mejor dicho. Sus últimas tres películas se han colocado en todas las galas de Hollywood con cantidades industriales de opciones a levantar galardones. Todo comenzó cuando coló 'The Fighter' como dramón deportivo de superación y amor fraternal cuando lo que había realmente era un telefilm de sobremesa financiado por la HBO. Después, elevó el listón de aceptación popular (y académica) con 'El lado bueno de las cosas', una de las cintas más enervantes, bobas e insoportables de los últimos años, una comedia romántica llena de tópicos y gritos. Muchos gritos. Todo gritos. Sin embargo, gracias a ella, O.Russell se asentó definitivamente en la cima de su carrera, mató a todos los fantasmas que le apuntaban como director conflictivo, cuanto menos, e insoportable, cuanto más, y la industria comenzó a amarle de manera definitiva. Un año después, con 'La gran estafa americana', el director neoyorquino repite jugada y, cuidado, además de repetir triunfos mencionados anterioremente, suma el más importante, conseguir una buena película. O una muy buena película. 

    No entraré a valorar el papel que jueguen las expectativas previas a la hora de valorar esta historia de personajes absurdos, excesivos con justificación, perdidos en un mundo de mentiras constantes, peluquines delirantes, maquillaje a prueba de bombas, engaños tras cada conversación, mafiosos de pacotilla y romances imposibles. Lo que uno puede esperar, o no, de una película al final pierde consistencia si lo que sucede en la pantalla te atrapa. Y 'La gran estafa americana' lo hace. ¿Le sobran minutos? Claro, esa siempre es marca de la casa, pero en esta ocasión, todo tiene ritmo y estilo, capacidad para meterte de lleno en este juego donde los gatos no lo son tanto y los ratones, o ratas, consiguen el queso por pura desesperación, cansados de girar en una rueda en la que los celos y las pasiones terminan jugando un papel más importante que los maletines que se deslizan debajo de la mesa. Porque O.Russell vuelve a darle más importancia a las figuras que al tablero, y las relaciones entre sus personajes son el leit motiv real de una trama en forma de laberinto que, como todas las cosas enrevesadas al máximo, termina pareciendo más sencilla de lo que realmente es.

     

    Ayuda una gran ambientación, una magnífica banda sonora y, por encima de todo, un reparto en estado de gracia, con un cuarteto mágico donde Christian Bale entrega una metamorfosis física que, sin embargo, no eclipsa una interpretación repleta de matices, Amy Adams se confirma como una de las mejores (puede que la mejor) actrices de su generación, Jennifer Lawrence justifica su estatus de chica de moda dando vida a una inestable madre soltera con la contundencia de una grande y hasta Bradley Cooper despliega una mezcla de ternura y humor que sorprende viniendo de un actor tan limitado. Más allá de secundarios de renombre (Louis C.K o Jeremy Renner) , ellos son la atracción principal de un parque en el que O.Russel demuestra sentirse muy cómodo. En este baile de identidades y máscaras, el director se pone en plan Scorsese, del que toma prestado atmósfera, planos y tics visuales, y le sale su mejor dirección hasta la fecha. Y su mejor película. Nadie sabe cual serán sus siguientes pasos, la sombra de desastres es alargada y parece complicado que no vuelva a sus (peores) andadas pero, al menos con 'La gran estafa americana', ha conseguido una película elegante, divertida y muy seductora. Un trabajo que condensa el Hollywood de ayer con las estrellas de hoy. Toca quitarse el sombrero. O el peluquín. 

     

     

     

     

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