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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 12
    Octubre
    2012

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    'Frankenweenie' - Hogar Burton

    La escena podría ser la siguiente. Entras en una casa, reconoces algunos muebles, te da la sensación de identificar algunos detalles, pones nombre a los rostros que pueblan las fotografías, intuyes el aroma del hogar, todo te suena pero, a la vez, te resulta extraño. Demasiado recargado, poco natural, un exceso en la ambientación y el decorado, quieres captar la esencia que un día te enamoró locamente de este lugar pero algo te aleja cada vez más de aquellas sensaciones. El pasado ya no es suficiente para defender lo indefendible. Algo así podría explicar las reacciones que provocaban en los fanáticos de Tim Burton, entre los que me encuentro en primera fila, ante sus últimos trabajos. Alicia en el país de las maravillas’ y, en menor medida, ‘Sombras Tenebrosas’, parecían homenajes fallidos a la figura de un director con un universo propio tan marcado que cualquier intromisión sería más que evidente y castigada. Excepto si la llevaba a cabo él mismo. El perdón y la benevolencia con la que se trataron aquellas películas eran consecuencia, exclusivamente, de venir firmadas por Burton. Incluso las mejores obras de sus últimos años, ‘Big Fish’ y ‘Sweeney Todd’, se alejaban del espíritu original, de la locura y el riesgo genuino de sus comienzos y se centraba en una emoción cercana a un periodo de madurez que nunca terminó de encontrar su comunión con las ideas más barrocas de su mente. Por eso, la noticia de que ‘Frankenweenie’, un maravilloso corto original de 1984, se convertiría en largometraje de la mano del director californiano, se recibió con un entusiasmo justificado para todos aquellos que pedían con impaciencia algo diferente y propio, alejado de adaptaciones literarias y remakes.

     

     

    Llena de encanto y nostalgia, emoción y humor negro, ‘Frankenweenie’ supone el reencuentro de Tim Burton con su pura esencia, con las señas de identidad que le convirtieron en uno de los directores más personales y carismáticos de las últimas décadas, con el éxito de convertir un universo propio en poesía visual sin dejar de lado a sus personajes, ni a la narración. No estamos ante una obra maestra, pero sí se saborea cada fotograma en deslumbrante blanco y negro como si de una pequeña obra de arte se tratara, dando forma a una joya más que sumar a una carrera repleta de ellas. La tristeza hipnótica del relato, repleta de personajes marginados y melancólicos, propone también un juego de referencias que supondrá un placer para todos los que han seguido con devoción la carrera de Burton. ‘Eduardo Manostijeras’, ‘La novia cadáver’ o ‘Bitelchús’, están presentes en diseños de personajes y ambientación, mientras que clásicos del cine de terror de toda la vida, véase Godzilla, la Momia, Drácula o, evidentemente, Frankestein, reciben un rendido homenaje por parte de un director empeñado en convertir su película en una carta de amor a su infancia. Y es difícil, a estas alturas, afirmar que Tim Burton ha realizado su película más autobiográfica, después de todo todos sus trabajos mantienen las mismas constantes emocionales, pero es inevitable ver en el pequeño Víctor, en su mundo de oscuridad y ternura, su alter ego.

     

    Con un trabajo de stop motion deslumbrante, y ayudado por la inconfundible banda sonora de un  Danny Elfman especialmente inspirado, ‘Frankenweenie’ reconcilia a Burton con sus seguidores y se distancia aún más de sus detractores. Los que nunca han comulgado con su cine, sus personajes y sus historias, no encontrarán aquí nada nuevo que les haga cambiar de idea, pero los que han seguido con pasión su carrera se verán recompensados con un auténtico regalo, un delicadísimo reencuentro entre un autor y su pasado, un director y su (mejor) cine.  Parece un paréntesis entre tanto trabajo comercial e impostado. Ojalá me equivoque. En cualquier caso, el cuentacuentos de la oscuridad y la ternura ha regresado. Hogar, dulce hogar.

     

     

     

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