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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 25
    Marzo
    2014

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    'El gran hotel Budapest' - Pagando la cuenta

     

    Existen muy pocos directores, cada vez menos, que con un solo plano o un simple movimiento de cámara sean perfectamente identificables. Un minuto de metraje y ya sabes que estás dentro de un universo reconocible, propio, apasionante, diferente del resto. Puedes entrar o no entrar, ofrecer tu complicidad o preferir quedarte en la puerta, participar en el juego o sentarte de rodillas, cruzar los brazos y negarte con impulso infantil, pero no se puede discutir el mérito que tiene crear una filmografía que, más allá de las influencias que cada uno pueda tener en su obra, termine siendo absolutamente personal. Paso a paso, película a película, genialidad a genialidad, Wes Anderson ha obrado el milagro y está dentro de este conjunto de cineastas únicos, relevantes, imprescindibles. En constante crecimiento, sin bajar del notable y dejando dos matrículas de honor en el camino ('Los Tenembaus' y 'Moonrise Kingdom'), su carrera llega a una nueva cima llamada 'El gran hotel Budapest', donde se reúnen todas sus virtudes de la manera más natural posible.

    Apartando el hermetismo de sus primeros trabajos, Anderson ha ido dejando que la ternura, la delicadeza, la sensibilidad, la melancolía y el romanticismo se colara poco a poco en su cine, combinándose a la perfección con una factura técnica alabada con toda justificación, un diseño de producción apabullante y un sentido para el despliegue visual basado en el perfeccionismo obsesivo por el detalle. En esta ocasión, pese a su apariencia de película en busca de la evasión pura y dura, que lo es, 'El gran hotel Budapest' supone un paso más en su profundidad dramática, tejiendo, detrás del homenaje a la aventura clásica, una maravillosa tela de araña en la que caen capturadas reflexiones sobre la amistad y el paso del tiempo. Casi nada. Todo contado con gracia, ritmo imparable, secuencias inolvidables y personajes repletos de carisma que necesitan poco más que un gesto para ganarse al respetable. Ayuda, de nuevo, un reparto al servicio de la idea, repleto de nombres ilustres en los que destaca la hilarante composición realizada por un Ralph Fiennes en estado de gracia y la mirada desarmante de esa gran actriz que es ya Saoirse Ronan.

    Desde su brillante prólogo, 'El gran hotel Budapest' juega sus cartas con inteligencia, dosificando sus golpes de genio, que hay unos cuantos, sin dejar de lado su estructura de cuento. Lo que queda, una vez finalizado el trepidante viaje, es la sensación de haber asistido a algo tan complicado y complejo como es la unión del arte y la inteligencia, el corazón y el cerebro, la inocencia y la madurez. Porque Wes Anderson, ese genio, no hace otra cosa que invitarnos a ser testigos de su madurez, los rincones de una creatividad donde nada ocurre por casualidad, donde todo tiene un sentido. Desde la primera nota de la arrebatadora banda sonora firmada por Alexandre Desplat y hasta el sensacional último plano, Anderson realiza un tour de force que, por pura maestría, debería considerarse lo que es. Una nueva obra de arte que sumar a su universo. A su cuenta. Y la pagamos nosotros, claro, que para eso somos los invitados. 

     

     

     

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