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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 19
    Enero
    2013

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    'Django desencadenado' - El chaval del videoclub

    Cuando Quentin Tarantino anunció que su próximo proyecto tras la sobresaliente 'Malditos Bastardos' era un western, muchos lo tomamos como un triunfo, casi, personal. No somos pocos los que, desde 'Pulp Fiction', casi le rogábamos que se atreviera con el género al que, de manera constante, rinde homenaje en cada una de sus películas, sin excepción. 'Django desencadenado', la historia de un esclavo que, junto a un recompensas, va en busca de su esposa para liberarla de las manos de su tirano, viene a calmar esa sed, a cumplir expectativas. ¿Su misión? Darnos la razón a todos los que pensábamos que 'el western de Tarantino' vendría a ser la 'mejor película de la carrera de Tarantino'. Quizás esa, y no otra, sea la clave para entender que, incluso siendo mínimos, los defectos que se le encuentran sean más dolorosos de señalar. Y, probablemente, también más injustos. Para resumir, antes de desarrollar, 'Django desencadenado' es, en su 90% de metraje, una obra maestra, pero el 10% restante, reitero, por expectativas y esperanzas desmedidas de encontrar la, inexistente, perfección, se lamenta de un modo especial. Porque Tarantino no volverá a pisar este género, exceptuando sus mencionados homenajes implícitos, por lo que, esta, era la única bala.

    Sustentada por un reparto glorioso, donde destaca, por presencia, magnetismo, grandeza, un Christoph Waltz que vuelve a regalar una creación antológica y, por sorpresa, madurez absoluta y carisma, un Leonardo DiCaprio que muy pocas veces ha estado mejor, la película contiene todos los elementos característicos del cine de su autor. Violencia brutal, humor descacharrante, impecable factura técnica, cóctel de influencias, apabullante banda sonora y diálogos de levantarse y aplaudir, todo está en 'Django desencadenado', en especial, en su primera hora y media, donde se tiene la sensación de estar presenciando un clásico atemporal, lírico, descubriendo una poética tarantiniana desconocida por controlada y dosificada hasta la excelencia. El espectador asiste babeando a un festival de diversión, tensión, acción y romanticismo, hacia el cine y hacia sus personajes.

     

    Es cierto que su duración puede ser excesiva y que su tercer acto es algo apresurado, pero 'Django desencadenado', más allá de estar dirigido con una maestría a la altura de muy pocos y ofrecer escenas que pasan a formar parte de lo mejor de la filmografía de su director (el prólogo, el monólogo shakespeariano de DiCaprio o sus últimos minutos, entre otras), triunfa por ser todo lo que podías imaginar de un western de Tarantino y, aún mejor, por ser todo lo que querrías de un western de Tarantino.  Un tipo que ha cumplido su sueño de visitar el Lejano Oeste de Sam Peckinpah, John Ford y, por supuesto, Sergio Leone. Todos ellos están, se les siente en cada plano, en cada mirada, en cada disparo. Pero que las influencias no disminuyan el logro. Este es el glorioso espectáculo del chaval que pasó de trabajar en un videoclub a ser leyenda viva del cine.  Resumiendo, y usando su lenguaje, un puto genio. 

     

     

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