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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 02
    Febrero
    2014

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    'Al encuentro de Mr. Banks' - Ese azúcar que nos dan

    Hay películas que te marcan la vida. En mi caso, muchas. Esos trabajos con capacidad para meterse en tu cabeza y en tu corazón, de formar parte de tus mejores recuerdos, que ofrecen la oportunidad de regresar a ellas sin la más mínima duda de que todos los tesoros que un día se descubrieron ante tus ojos, siguen presentes. Entre todas ellas, destacan con especial intensidad las que aparecieron en tu infancia, las que desplegaron toda su magia y crearon una conexión con el séptimo arte que, se haya cultivado más o menos con el paso del tiempo, siempre estará latente, al menos cuando te vuelvas a cruzar con los personajes, las historias que te atraparon en los días en los que la inocencia brillaba por su presencia. En mi caso, y esta crítica solamente se puede escribir desde una óptica más personal que de costumbre, 'Mary Poppins', la adaptación que la factoría Disney hizo del cuento de P.L. Travers, es una de esas películas. No importan los años, el momento o la situación, siempre que me reencuentro con Julie Andrews volando con su paraguas, Dick van Dyke bailando al compás o los pequeños Banks tomando té en el techo y soy feliz. Tal cual. Y ese el espíritu final del cine que más me gusta, el que conecta con las emociones más profundamente humanas. Con diez, con quince, con veinte años, sigues queriendo pasear por las calles que pisan esos personajes antológicos, cantar sus canciones de memoria, volver a volar la cometa. Por eso, 'Al encuentro de Mr. Banks', esta mezcla de biopic sobre la creador de la niñera mágica y el proceso creativo que la enfrentó con, nada más y nada menos, que Walt Disney, requiere un esfuerzo de objetividad extra.

     
    Si nos ponemos profundos podemos decir, sin miedo a caer en la exageración, que esta historia funciona como análisis psicológico de unos personajes solitarios que enfocan su creatividad desde el trauma de una infancia complicada, que se empeñan en enfocar su lado oscuro desde dos perspectivas tan alejadas, ella con el masoquismo y él con la ilusión, que al final solamente se pueden encontrar en la ficción, en el final feliz que nunca llegaron a tener. Y uno sabe que la historia real no fue así, que la sombra de Disney (compañía) ha idealizado a la figura Disney (Walt) que aparece en la pantalla interpretado con el carisma inconfundible, y siempre por reivindicar, de Tom Hanks. Uno es consciente de que se ha adornado el relato con las dosis de luz necesarias, un humor blanco como la nieve y una emotividad impostada que, en ocasiones, roza lo absurdo. Gran parte de la culpa, o toda, la tienen unos horrorosos flashbacks que, pese a ser necesarios para entender la personalidad y, sobre todo, la defensa a ultranza de Travers con sus personajes literarios, terminan pesando en el ritmo de una película que, de centrarse en la transformación del libro en película, habría ganado muchos enteros. Sin embargo, en una especie de proceso similar al que vive la protagonista, interpretada por una magnífica Emma Thompson, el espectador que lleva maravillado toda la vida con Mary Poppins, termina entrando en un universo donde comer perdices al final del relato no es un imposible.
     
    Por eso, cuando Travers se deja contagiar por la inolvidable melodía de las canciones que redondearon su fantástica historia, cuando observa con un nudo en la garganta el paseo solitario de su Mr. Banks por las calles solitarias, abandonadas, otoñales de ese barrio inglés en el que uno siempre quiso vivir, uno puede hacer otra cosa que dejarse llevar por esa emoción, volver a su infancia, a ese momento en el que, por primera vez, escuchó aquello de Supercalifragilisticoespialidoso, rebuscó en su bolsillo dos peniques o quiso subir al cielo por unas escaleras de humo. 'Al encuentro de Mr. Banks' tiene fallos de ritmo, es previsible y, en ocasiones, muy reiterativa, pero la sensación que siente el propio Disney cuando, en medio de la preocupación, escucha la canción dedicada a esa mujer que, en la puerta del banco, da de comer a las palomas, es la que termina reconciliándonos con ella. No se puede describir, está más allá del cine, en un lugar mágico e intransferible. Esta es la historia detrás de la infancia de un millón de generaciones. Estamos en deuda con Travers y con Disney.  'Al encuentro de Mr.Banks' es una excusa para recordarlo, para mantener despierto al niño que siempre fuimos. Aunque sea con toneladas de ese azúcar que nos dan. Y que, ojalá, nunca nos empalague. 
     
     
     
     

     

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