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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 02
    Enero
    2014

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    'A propósito de Llewyn Davis' - Querer estar

    'A propósito de Llewyn Davis'  -  Querer estar

    Un micrófono. Una guitarra rasgada. Una voz que se clava en el alma. Una canción que se mece entre el humo de los cigarrillos y los vasos medio vacíos de alcohol pasado de fecha. Un tipo con barba de cuatro días termina de interpretarla y recibe unos tímidos aplausos. Su mirada perdida entre las estrofas despierta de nuevo. El trance ha terminado y el frío de una Nueva York melancólica e invernal se apodera de sus huesos una vez más. Ha conseguido algunas monedas y puede que le sirva para pagar un café en el bar de al lado. Es un perdedor. Alguien normal y corriente que ha tenido la mala suerte de contar con un don para ser genial en su trabajo y, sin embargo, no conseguir alcanzar sus metas. Aunque a veces nos despiste y lleguemos a pensar que su único objetivo es tropezar con la siguiente piedra. Los perdedores siempre están rodeados de un aroma épico, mitológico, mucho más grande y evidente que los ganadores, aquellos que terminan con las medallas. Siempre emociona más ver la victoria del débil o, al menos, de ser consciente de sus esfuerzos para terminar la carrera sin perder la dignidad. 'A propósito de Llewyn Davis' está repleta de perdedores, está contada por perdedores y capta, como ninguna película ha hecho en años, la belleza de la derrota (casi) constante. 

     

    Los hermanos Joel y Ethan Coen, esos genios capaz de inyectar poesía en los lugares más insospechados, han conseguido su película más emotiva, sentimental y, al mismo tiempo, pesimista, con la historia de este cantautor folk interpretado por un magnético, maravilloso, Oscar Isaac, que anda por la vida con la sombra del éxito y la muerte a cuestas pero, especialmente, con la presencia de la soledad, del trauma, del próximo golpe. A través de un guión de hierro iremos conociendo a una colección de personajes antológicos, puro Coen, que representan la nostalgia de una época, los años sesenta, que terminó convertida en un sueño efímero para una sociedad que depositó toda su confianza en ella. Al final, el fracaso de Davis, casi voluntario, es el de un modo de mirar y entender la vida como un cúmulo de circunstancias más que de decisiones. 

     

    Nueva cumbre en una carrera repleta de puntos altos, 'A propósito de Llewyn Davis' subraya el punto de madurez total de unos cineastas (y guionistas) que, más allá de contar con un universo propio indiscutible, han alcanzado un estado de gracia que, en sus últimos trabajos, les ha cambiado la etiqueta de chicos raritos de la clase por el de superdotados. Aquí hay gran cine, escenas que respiran clasicismo casi sin quererlo, preciosas metáforas sobre la Odisea de un Ulises en forma de gato robaescenas y canciones, inolvidables, que guían un relato cocinado a ritmo lento pero seguro. Una película ganadora cuyo triunfo se eleva al estar repleta de gente normal y corriente a la que las cosas no le salen bien. Al final, puede que simplemente consista en estar en el momento oportuno y en el lugar adecuado, sí, pero también en querer estar. 'A propósito de Llewyn Davis', lo está. Y se queda para siempre. 

     

     

     

     

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