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Mirada Exterior
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  • 06
    Febrero
    2014

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    Europa al rescate de Cuba



    La Unión Europea prepara la negociación de un acuerdo de asociación con Cuba, y casi a la vez, el diario Granma, periódico oficial de la isla, donde no existe libertad de prensa, publica que en la región central de Villa Clara murieron en 2013 murieron enfermas y hambrientas 18.000 vacas. Todo un contrasentido en un país donde comer carne de res es un lujo reservado a los privilegiados del régimen y la escasez de ganado afecta desde hace cinco décadas al suministro de mercancía a la población. A finales de 2012 los responsables de Exteriores de la UE encargaron a la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, una baronesa británica a la que al menos yo no me imagino en actitud tan generosa con Argentina, explorar las posibilidades de un acuerdo con la isla, sometida desde hace sesenta años a una dictadura comunista que además de hundir el próspero sector agrícola cubano, negó la posibilidad a cualquier desarrollo industrial, salvo el monopolio turístico que controla el Estado.
    Bruselas busca un acuerdo de asociación con La Habana y así, propina una nueva bofetada en la cara de España, que en 1996 impulsó la actual política de la UE hacia la isla, basada en condicionar el progreso en las relaciones a avances en la democratización y los derechos humanos y el contacto directo con los disidentes. A lady Ashton eso le sonará a chino. El Reino Unido está más ocupado en afianzar su dominio sobre Malvinas y mantener la bota bien presionada sobre Gibraltar. El caso es que la aprobación para firmar un tratado bilateral con Cuba la darán el lunes los ministros de Asuntos Exteriores, durante el Consejo que se celebrará en Bruselas. Entre ellos no faltará el español, José Manuel García Margallo. Cuba es el único país de América Latina con el que la Unión Europea no tiene suscrito ningún tipo de pacto. También se trata de único que carece de gobierno democrático, ni siquiera en apariencia, lo que choca con los planteamientos de una UE que hablan de transparencia y participación ciudadana, de forma constante y machacona. No hace falta ser un lince para adivinar cual será la respuesta de La Habana a la mano que tan generosamente le tiende el segundo gigante comercial del planeta, del que forma parte España, el país más perjudicado del mundo por los efectos de un régimen totalitario que además de expropiar miles de millones de dólares en bienes a ciudadanos españoles, expulsó del país a quienes con esfuerzo y tesón se dedicaron a trabajar, a veces, durante generaciones, para convertir a la isla en lo que fue un día: la perla del Caribe donde compañías estadounidenses como General Electric lanzaban sus productos antes de ponerlos a la venta en los Estados Unidos.  

    El Gobierno de La Habana ha rechazado siempre la posición común, por ser una política restrictiva y la ha considerado un escollo para una relación plena con la UE,
    La Habana y Bruselas han vivido unas relaciones complicadas en los últimos años, especialmente a raíz de la llamada «Primavera Negra», cuando Cuba encarceló a 75 opositores. La Unión respondió con la imposición de sanciones diplomáticas en 2003 y Cuba contestó rechazando la ayuda comunitaria al desarrollo. El gran misterio es saber que aportará el gobierno castrista a un acuerdo que más parece una suerte de disfraz de rescate, con la vista puesta en el un próspero futuro. Lo que no saben ni Lady Ashton ni sus asesores es que ese futuro lleva medio siglo de retraso y no tiene ninguna prisa. 

     

     

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