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Mirada Exterior
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  • 15
    Noviembre
    2014

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    Bruselas y el problema hispano-español

    “Cuando nos miran, valemos más”, decía Ortega y Gasset. No siempre, me atrevo a añadir. Y es que las miradas mortíferas que se ciernen sobre España destruyen la moral de un país, socavan su prestigio y derriban en cuestión de horas lo que ha llevado décadas levantar. En Bruselas nos miran y nos juzgan, también nos critican. Los trapos sucios de España ya no se lavan en casa, mal que nos pese. Pertenecemos a la Unión Europea, uno de los clubs más selectos del mundo. Allí nos escudriñan, con interés, perplejidad y preocupación. No es para menos. En España hay casi medio millar de implicados en casos de corrupción, 80 condenados y 23 en prisión. Cada día surge un nuevo escándalo. Los esfuerzos del Gobierno, a través del servicio exterior por difundir las bondades de esa “marca España” no acallan la inevitable pregunta. ¿Qué está pasando en su país? Cuesta explicarlo. En los pasillos de Bruselas se habla abiertamente de “problema hispano español”, para aludir con una inquietante mezcla de sorna y elegancia a esas cosas tan nuestras, imposibles de entender por las mentes formadas al otro lado de los Pirineos.  

    Porque todo este magma de podredumbre ligada a la gestión del dinero público, tal vez el más privado que existe, se ha gestado en el país que más fondos europeos ha recibido desde su ingreso en la UE, más que todo el plan Marshall que Estados Unidos envió a Europa tras la II Guerra Mundial.  El 2 de junio de 1985, el entonces presidente del Gobierno, Felipe González, estampaba su firma en el Tratado de Adhesión a la Comunidad Económica Europea. Desde entonces,  sólo los fondos estructurales -cerca de 140 mil millones de euros en 25 años- han financiado cerca del 50% por ciento de las grandes obras públicas. Ante el panorama actual, los funcionarios europeos sopesan la posibilidad de que parte de esos recursos se hayan quedado por el camino. Se avecinan más sorpresas. En Bruselas no se pide perdón, sencillamente, se devuelve lo que no se ha sabido administrar. El maná de Bruselas también llegó a la agricultura, con los fondos de la Política Agrícola Común, (PAC), que han dejado más de 100.000 millones de euros en el campo español, a 900.000 beneficiarios de los que sólo 300.000 son profesionales del sector. Por cierto, otra gran cuestión hispano española que seguirá sin resolverse en los próximos siete años. En total, la Unión Europea ha invertido en España 230.000 millones de euros brutos, sin incluir ayudas directas o transferencias en I+D que no pasan por las arcas del Tesoro.

    España ha dado a la UE 140.200 millones de euros y ha recibido 228.200 millones. El saldo positivo se eleva a 88.000 millones. Aún así, arrecian las quejas sobre los recortes de fondos para el periodo que va de 2014 a 2020. Hay menos dinero y más países en liza. Aún así, España recibirá 38.000 millones de euros hasta 2020. La sede madrileña de la Comisión Europea en España acogió esta semana una jornada sobre cómo hacer más eficiente el uso de esas partidas. Mejor será tomar nota. Hay oportunidades que no se presentan dos veces, por muy hispano-españoles que nos pongamos.

     

     

     

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