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MICROMONÓLOGOS DE CADA DÍA
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Blog MICROMONÓLOGOS DE CADA DÍA  - Marc Llorente

Marc Llorente

Probablemente me conocerán a través de la crítica de espectáculos de INFORMACIÓN. Pero uno también le da al periodismo de opinión y a otros géneros.

Sobre este blog de Cultura

La actualidad social y política, la cultura y la creatividad literaria componen un "ménage à trois" perfecto. El realismo, el surrealismo, el absurdo lógico, la acidez o la ternura pueden darse la mano con unas rápidas pinceladas que expondremos para ustedes.


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  • 20
    Febrero
    2012

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    Sí habrá paz para los malvados en la piel que tenemos el gusto de habitar

    Dice el señor Chaplin en su discurso de El gran dictador que quiere ayudar a todos si fuera posible. Blancos, negros... Como superintendente de la Comisión Internacional de Caciques Unidos estoy en desacuerdo. No tengo el menor interés en echar un cable a nadie. Es necesario servirse de los demás, que es mi obligación y lo inteligente. 

    No me da la gana hacer feliz a cualquier cretino. No soy un bufón con cascabeles para hacer reír a cuatro idiotas. Lo mío es oprimir al prójimo y odiar a mis semejantes. No se asemejan nada a mí, por cierto. No, en este mundo no hay sitio para todos. Sobran muchos infelices e impotentes. La libertad esta muy bien, desde luego, pero sólo para los que dominamos el mundo, no para unos dominados que merecen caer en el abismo o unas migajas en el mejor de los casos.

    La ambición y el egoísmo son mi credo. La ley del más fuerte que debemos imponer a los debiluchos. La codicia y el odio mueven el motor de nuestra bendita Comisión Internacional. La bondad es de imbéciles. En la imposición y la violencia, si fuere neceario, está el progreso del globo.

    No queremos simples personas, sino máquinas. Seres que formen parte de ellas. Que produzcan sin rechistar y cobrando una miseria... La hermandad universal es una memez que ni existe ni nos conduciría a ningún lado. Queremos víctimas de un sistema que debe seguir siendo la brújula del futuro.    

    El poderío no lo puede tener el pueblo. Pero buena es la defensa de una democracia de broma, inocua e inocentona. Los ciudadanos, súbditos, mejor dicho, han de ser despreciados. Nuestra angelical obligación es reglamentar sus vidas, indicarles lo que tienen que hacer, parlotear y sentir. Barrerles el coco, tratarles como al ganado y como carne de cañón.

    Queremos simples soldados. Patriotas dispuestos a darlo todo por sus jefes. A nuestro servicio y a las órdenes de nuestros socios. La vida es una maravillosa aventura. Para nuestra superior ralea, claro. ¿Un mundo nuevo y digno que garantice un trabajo en buenas condiciones, prosperidad y seguridad a todos?

    ¡No, por favor! La intolerancia es el sagrado e inquebrantable precepto. Ésta es la razón. La única verdadera que nos empuja a la felicidad. La nuestra. La de esta Comisión Internacional de Caciques Unidos y la de nuestros queridos colegas. Sí habrá paz para los malvados en la piel que tenemos el gusto de habitar...  

     

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