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MICROMONÓLOGOS DE CADA DÍA
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Marc Llorente

Probablemente me conocerán a través de la crítica de espectáculos de INFORMACIÓN. Pero uno también le da al periodismo de opinión y a otros géneros.

Sobre este blog de Cultura

La actualidad social y política, la cultura y la creatividad literaria componen un "ménage à trois" perfecto. El realismo, el surrealismo, el absurdo lógico, la acidez o la ternura pueden darse la mano con unas rápidas pinceladas que expondremos para ustedes.


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  • 29
    Julio
    2014

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    Infelicidad global

    1. Ni viva ni deje vivir. Lo mejor para ser un desdichado. Empléese con ahínco en esa dirección y alcance la infelicidad que tanto desea.
    2. O viva usted pero no deje vivir a los demás. Aprovéchese de sus semejantes, hágales la vida imposible y abuse de ellos, si tiene la posibilidad, en beneficio propio. No será feliz en el fondo ni falta que le hace si es lo que usted pretende, pero amargará al vecino sin ninguna duda.
    3. Juegue. No a cosas saludables, por supuesto. Juegue, como decíamos en el punto anterior, a abusar si su situación se lo permite. Sea un perfecto infeliz y haga infelices a sus inferiores. 
    4. No ayude nunca a otros. Lógico. Usted no está ahí para echar una mano. Y menos las dos manos. Póngalas en el cuello del débil, como es tradicional, eso sí, y apriete con vigor.
    5. No cuide la naturaleza. Esto es muy importante. Tenga vía libre para contaminar lo que le dé la gana y que la ecología se vaya al infierno.
    6. Busque la paz. No permita que los tontos le alcen la voz y dé bofetadas siempre que pueda. Que le pidan perdón por las molestias y que haya paz seguidamente. Hasta las próximas tortas, claro.
    7. No respete a los débiles. Lo que necesitan son golpes y sacrificios en pro de su bienestar. Exíjales respeto y obediencia total para que las cosas funcionen como deben. 
      En resumen, sea usted ambicioso y egoísta. Imparta latigazos e insensatez y disfrute su tiempo haciendo el mal a los desdichados de la fortuna. Écheles pan duro… y disfrute la infelicidad perfecta asumiendo los sabios consejos que le acabamos de obsequiar bajo el patrocinio de nuestras altas esferas. Y si usted es del club de la desventura, resígnese. Ponga una mueca de alegre desdicha y no discuta jamás las acciones de sus benditos superiores. Nunca.  

     

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