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MICROMONÓLOGOS DE CADA DÍA
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Marc Llorente

Probablemente me conocerán a través de la crítica de espectáculos de INFORMACIÓN. Pero uno también le da al periodismo de opinión y a otros géneros.

Sobre este blog de Cultura

La actualidad social y política, la cultura y la creatividad literaria componen un "ménage à trois" perfecto. El realismo, el surrealismo, el absurdo lógico, la acidez o la ternura pueden darse la mano con unas rápidas pinceladas que expondremos para ustedes.


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  • 18
    Abril
    2014

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    Esperpéntica procesión nacional

    El padre Rajoy se pone al frente del desfile con su bastón de mando. Muy cerca va Arias Cañete con un yogur europeo caducado y un cartel que dice: “Amaos los unos a los otros como nosotros os amamos”. Cospedal lleva los dolores en la cara. Mantilla, peineta y una vela fundida para iluminar la salida de la crisis y el finiquito en diferido.

    La ministra de Trabajo que nunca ha trabajado, la milagrosa Fátima Báñez, enarbola la reforma laboral. Es llevada a hombros por los costaleros, un grupo de gente parada que ya no cobra el subsidio y no tiene un mendrugo que llevarse a los dientes. Sáenz de Santamaría, de luto total, ruega por nosotros, pecadores, y esgrime un látigo para sacudir a los que cargan todo el peso.

    El sonriente ministro de Educación y Cultura muestra sus tablas de la “ley Wert”. Los espectadores, provistos de coronas de espinas, abuchean la jugada y agitan pañuelos blancos. Ana, la ministra de Sanidad, solicita a las alturas que proteja la salud de los pacientes y reparte globos a los transeúntes por obra y gracia de la Gürtel.

    Luis de Guindos toca el tambor y lanza panfletos donde se puede leer: “La resurrección de la economía está en órbita”. El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, exhibe unas tijeras sagradas, con traje de capuchino, para que la multitud se rinda a su paso. La alcaldesa Botella se persigna, dice “amén” y regala amargos cafés con leche.

    La ofendida Esperanza Aguirre lleva una cruz corriendo porque la persigue un agente de movilidad con capirote. Luis Bárcenas ve el acto por la televisión, desde la sombra de Soto del Real, e insulta a tres guardias civiles. Canta una saeta sobre la caja B y reza al santo Ruz para que le ponga, si Dios quiere, de patitas en la calle.      

    Desfila la Última Cena, a base de pan duro y agua por los recortes, y Mariano besa al personal falsamente, a cambio de treinta palmaditas en la espalda por parte de las élites. La gente reclama crucifixión. La huida hacia delante del independentismo de Artur Mas y el milagro de los ERE y del fraude millonario en los cursos de formación terminan de asombrar a la santa e indignada ciudadanía.      

    Los escarnecidos ciudadanos, camino del Calvario, cargan con la exclusión social y su nueva pobreza, y Mariano se lava las manitas. Urdangarín lleva el madero de Nóos a cuestas, ayudado por la Infanta, y alguno de la comitiva popular airea su cuenta en Suiza. Siempre dispuesto a colaborar con los tribunales de la Providencia, el padre Rajoy eleva la mirada y afirma: “Frena a la oposición, Señor, porque podría ganar las próximas elecciones del 25-M”. La procesión nacional, en suma.

     

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