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MICROMONÓLOGOS DE CADA DÍA
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Marc Llorente

Probablemente me conocerán a través de la crítica de espectáculos de INFORMACIÓN. Pero uno también le da al periodismo de opinión y a otros géneros.

Sobre este blog de Cultura

La actualidad social y política, la cultura y la creatividad literaria componen un "ménage à trois" perfecto. El realismo, el surrealismo, el absurdo lógico, la acidez o la ternura pueden darse la mano con unas rápidas pinceladas que expondremos para ustedes.


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  • 16
    Mayo
    2014

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    Diferencias entre los contendientes

    El PP no tiene polvo ni paja aunque la corrupción le llegue al cuello. Ni tiene nada que ocultar. Por eso presume tanto el número dos de esa candidatura para las elecciones europeas. González Pons se remanga y lava la imagen de su partido con detergente. La ilustre fregona es de Cervantes. El lustroso don Limpio es Esteban disfrazado de quitamanchas.

    Pues sí. Los populares son los únicos que garantizan la “recuperación”. A la vista está el paisaje y en qué condiciones se pretende conseguir la salida de la crisis. El partido que es capaz de convertir España en una fábrica de empleados… Evidente ejemplo con un millón de parados más, desde que comenzó la actual legislatura, y algunos empleos de poca monta o de nula consideración.

    De tal forma, la trouppe circense de Rajoy lucha para evitar que los socialistas destruyan lo construido por el Ejecutivo. Ya saben. Arropan a unos cuantos y desnudan al resto. ¡Espléndida construcción! “¿Nos rendimos o nos unimos?”, declara la cabeza de lista del PSOE, Elena Valenciano. Es decir, la unión del socialismo europeo para cambiar la UE “a favor de España y de Europa”.  

    Una Europa que tiene la doble personalidad de ser la solución y el problema. El déficit de fe en la política y en las instituciones de aquí y de allí es obvio por la disolución progresiva de los derechos democráticos más elementales. “Hacer de la defensa de los intereses de España en Europa nuestra principal política comunitaria”, según describe el programa del PP, es una declaración genérica que no dice nada y que cualquier grupo puede y debe asumir.

    La cuestión estriba en realizar una cosa u otra para conseguirlo. Naturalmente, es necesario seducir a los electores a la hora de plantear alternativas frente al control de las clases dominantes más reaccionarias y en el marco de unos poderes financieros que lo guisan todo a su gusto. Que estimulan una política de austeridad al servicio de los fuertes y en detrimento de la clase trabajadora como marca la tradición.

    Mariano interpreta muy bien el personaje de fiel monaguillo ante los sacerdotes europeos de su misma onda. Y hace falta cambiar dentro de lo que cabe. El 25-M hablarán los votos tras la correspondiente jornada de reflexión. Una jornada en la que reinarán los goles de la Copa. El fracaso o el triunfo de un equipo u otro y la posterior celebración o misa de réquiem de la candidata o del candidato.

    O sea, que las elecciones se sitúan en segundo término, ya que muchos no saben ni que se celebran. La desgana es comprensible hasta cierto punto. Pero en el balompié no hay flojera. Gane el Madrid o el Atlético, Elena Valenciano o Arias Cañete, la sociedad española pierde por goleada a día de hoy, mientras no se demuestre lo contrario. Esta situación requiere neutralizar los goles recibidos y cubrir bien la portería. 

    El PSOE debe escalar peldaños, marcar distancias, convencer seriamente y no pensar en un proyecto de gobierno futuro en connivencia con el PP, esa dura, oscura y grotesca derecha que sólo quiere proseguir su camino de acoso a la gente para tenerla controlada y a disposición de quienes manejan la batuta a su aire. Ésta es la idea de progreso que administra este tipo de personajes. Así las cosas, no se puede comulgar con ruedas de molino. Ni aplaudir estafas o atropellos. 

    A propósito del encorsetado debate por televisión, Cañete sólo fue un muñeco mecánico. Nervioso, titubeante, con errores verbales y con el rígido guión en su barullo de papeles encima de la mesa. Por contra, Valenciano tuvo mucha mayor soltura. Pisó el cuadrilátero con más firmeza y claridad, llevó la iniciativa del combate dialéctico, paró los golpes del adversario y lanzó algunos ganchos a la mandíbula del contrincante, un Cañete que quiere ofrecernos “bienestar”, con sus trazas de Santa Claus, y que casi besa la lona del plató. El caciquil y machista exministro no da la talla ni en el debate ni después de éste. Normal.  

     

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