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MICROMONÓLOGOS DE CADA DÍA
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Blog MICROMONÓLOGOS DE CADA DÍA  - Marc Llorente

Marc Llorente

Probablemente me conocerán a través de la crítica de espectáculos de INFORMACIÓN. Pero uno también le da al periodismo de opinión y a otros géneros.

Sobre este blog de Cultura

La actualidad social y política, la cultura y la creatividad literaria componen un "ménage à trois" perfecto. El realismo, el surrealismo, el absurdo lógico, la acidez o la ternura pueden darse la mano con unas rápidas pinceladas que expondremos para ustedes.


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  • 19
    Noviembre
    2012

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    Cuando un payaso se va, algo se muere en el alma

    "¿Cómo están ustedes?", preguntaban. Ustedes dirán con la que cae... En fin. Saludamos a don Pepito y supimos que Susanita tiene un ratón chiquitín que come chocolate y turrón y bolitas de anís. La gallina Turuleca, con sus patas de alambre porque pasa mucho hambre, pone un par de huevos y algunos más. Había una vez un circo que alegraba siempre el corazón... Lleno de color e ilusiones. 

    Fue feliz, junto a sus hermanos y Fofito, por conseguir a un niño, o a muchos, hacer reír. Y a los más grandotes. Aquella lengua enredada, sus graciosas gesticulaciones, las chispas verbales... Bobo y pícaro. Miliki, en una palabra. Toca la puerta de las alturas con su acordeón y le reciben Gaby, soplando el saxo, y Fofó cantándole alguna de aquellas canciones. 

    Los tres continuarán montando el circo allí arriba. Sin temer jamás al frío o al calor, seguirán dando la función. Algo se muere en el alma cuando un payaso se va. Ese vacío que deja el payaso o el amigo que se va es como un pozo sin fondo que no se vuelve a llenar. Se marcha pero se queda. Porque forma parte de nosotros.  

    Los otros payasos, los peores, no se van nunca. Los que se atreven a manejar nuestras vidas y a imponernos un jarabe de palo por prescripción política. Ellos no ingieren ni una gota y se lo permitimos. El viejo payaso toma el ascensor. Las otras payasadas siguen su curso. Miliki dibujó risas en nuestras caras. Ahora echamos alguna lágrima. Pero, como digo, no se marcha. Hay huellas que no se pueden borrar... Ni falta que hace.                   

     

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