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Cassandra Bohatí

Originaria de Senegal, me mudé a Hawai siendo una niña. Desde entonces he ido recorriendo el mundo adquiriendo gran experiencia en dispositivos tecnológicos.

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¿Qué no podemos hacer?


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  • 31
    Octubre
    2016

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    twitter Vine

    Cómo las malas influencias acabaron con Vine

    Cómo las malas influencias acabaron con Vine

    Hay ocasiones en las que dos personas parecen estar destinadas a ser uña y carne, a vivir de forma inseparable, pero lejos de esa realidad lo cierto es que la unión de ambas termina mal. De hecho, cuanto más alejadas están la una de la otra, mejor.

    Esto no lo digo sólo por parejas, de hecho ocurre más frecuentemente entre amistades y, por supuesto, también sucede en el ámbito empresarial. Creo sinceramente que es lo que le ha pasado a Vine con Twitter. Malas influencias.

    En 2012 Vine era una start up que todavía no se había lanzado al mercado. Consistía en la realización de vídeos de 6 segundos que fomentaban la viralidad del contenido.

    Vine finiquitaba prestaciones y se presentaba a posibles inversores. Twitter se les adelantó a todos y presentó una propuesta de compra por 30 millones de dólares.

    Por aquél entonces la red social de microblogging ya estaba metida en pleno enfrentamiento por la conquista de usuarios y el vídeo era la mejor solución. Vine planteaba contenido muy breve, algo que parecía casar con los efímeros tweets. La unión parecía predestinada a ser la boda tecnológica del siglo.

    Llegados a 2016, la situación es muy diferente. Hay pretendientes para los usuarios mucho más atractivos como Snapchat e Instagram y ubicaciones mucho más rentables como YouTube. Por si fuera poco, Twitter está de capa caída, sin conseguir obtener nada de rentabilidad, una maldición que le ha pegado a Vine.

    En 2015 Rus Yusupov, cofundador de Vine, fue despedido por Twitter. En 2016, Twitter cierra Vine. La relación no sólo ha terminado mal o no ha llevado a ninguna parte, sino que ha supuesto la muerte prematura de la promesa tecnológica que era Vine, mientras Twitter sigue desangrándose en el mercado tecnológico.

    No soy tan emprendedora y visionaria como los genios de Twitter, pero creo firmemente que una compra por 30 millones de euros de cualquier elemento que venga a enriquecer la empresa, debe tener un plan previo de rentabilidad, ya sea económica o de usuarios, que a su vez acarrearía mayores beneficios económicos.

    Sin embargo, comprar Vine por 30 millones de dólares y cerrarla 4 años después es la mayor muestra de fracaso inversor que empresarialmente se puede plasmar.

    Para ser justos, en 2012 nadie habría dicho que esto iba a suceder. Parecía todo lo contrario, pero Twitter supuso el fin para Vine incluso antes de empezar. Es lo que conllevan las malas influencias.

     

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