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Ana Sharife

Periodista especializada en Cultura, escribe para Prensa Ibérica y conduce un programa sobre sentimientos en Radio Marca. ...

Sobre este blog de Sociedad

El universo sentimental


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  • 18
    Junio
    2014

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    La infidelidad a golpe de click

    'Sexo' es el vocablo más buscado en todos los motores de Google y en todos los idiomas. El 45% del contenido en Internet es pornografía y unas 30.000 personas la consumen cada segundo. La accesibilidad y la ausencia de compromiso convierten el sexo virtual en una herramienta de uso generalizado. Si bien jamás podrá reproducir las sensaciones de una verdadera experiencia sexual, facilita algo que difícilmente se alcanza en muchas de las relaciones reales: la desinhibición total. El anonimato que brinda Internet permite levantar barreras de represión que se nos han impuesto a través de la educación. Pero sobre todo es la privacidad lo que conforma su éxito y, a diferencia de otras formas de aproximarse al placer, la Red permite la interacción con otros navegantes, e invita a experimentar sensaciones similares a las de una relación sexual en tiempo real. Es el llamado sexo de bolsillo, la encarnación de lo instantáneo y descartable.

    En Internet las relaciones clandestinas son un festín. Y la infidelidad a través de la Red es uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la estructura de la pareja moderna, pues tendemos a pensar que en ese espacio de las conexiones somos completamente libres. 


    Pero, ¿qué es infidelidad? Si infidelidad se entiende por la ruptura al compromiso de respeto al trato acordado en la forma de amar, ¿es la pornografía infidelidad? No porque pertenece 'presuntamente' al subjetivo espacio de la imaginación. No hay ningún tipo de vinculación directa con el actor. Pero, y ¿el cibersexo? ¿Es infidelidad? Aquí se realiza una comunicación a tiempo real con el actor, que entraña la posibilidad de pedirle al otro que se desnude, se mueva y se acaricie a gusto del consumidor. Entonces, ¿sería infidelidad? Los mismos que señalan que la pornografía no es infidelidad, declaran que el cibersexo tampoco. 

    Sigamos. ¿Es el Chat infidelidad? Quiero decir, ingresar en una página de contactos o red social y contactar vía messenger con alguien que te guste, con quien interactúas a través de una pantalla de ordenador. En el Chat la relación virtual es una comunicación de confidencias, secretos, sueños y temores que nos permite expresarnos con la misma libertad de pensamiento que consigue sexualmente el que acude al cibersexo. Por tanto, si el cibersexo no es infidelidad, tampoco lo es el Chat: el contacto interpersonal mediante messenger, cartas, e incluso llamadas telefónicas, pues ambas acciones se producen mediante la conversación en línea y en tiempo real. 

    Sin embargo, los mismos que sostienen que el sexo virtual no es infidelidad, se vuelven repentinamente moralistas respecto al Chat, y puntualizan que hay que diferenciar entre un acto sexual y un acto que se mueva en el área de las emociones. Y, ¿por qué? Porque el Chat es un espacio ampliamente dominado por la mujer en la búsqueda de idilios virtuales. Esa es la clave -como si la pulsión sexual no fuese una emoción-. No sucede lo mismo con la pornografía. “Existen sitios web especiales para mujeres', dice Clarissa Smith, especialista en estudios culturales en la Universidad de Sunderland. 'Si quieres ver pornografía con tu chica, deja que ella escoja. Lo más probable es que te sorprenda”. Las mujeres son más proclives a buscar amoríos virtuales que suplan carencias afectivas. Ellos, en cambio, tienden más a la búsqueda de cibersexo y, en general, sólo pretenden vivir un flirteo momentáneo. Algunos autores estadounidenses calculan que dos tercios de estos nuevos consumidores de placer no tienen otros encuentros sexuales fuera de Internet y el otro tercio comparte esta actividad con otras conductas sexoadictivas, sobre todo pornografía de diversos tipos, sexo telefónico, visitas a prostitutas y voyeurismo. Para Francisco Alonso Fernández, presidente de la Sociedad Europea de Psiquiatría Social, “el 50% de los sexoadictos por Internet que tienen pareja estable llega con el tiempo a sufrir una anorexia sexual respecto al compañero o compañera”. 

    Decepción, sentimientos de culpa, inferioridad y baja autoestima son las emociones que siente la pareja del consumidor de cibersexo cuando descubre al otro. Sentimientos que incluso pueden llevar a la separación. Para la víctima se trata de un ciberligue. Lo mismo sucede cuando descubres que tu pareja está inscrita en una página de contactos, porque al fin y al cabo, ocupa su pensamiento, sus sueños y deseos con su ciberpretendiente. Establece un contacto psicológico, y la infidelidad tiene tanto de físico como mental. 

    Nos estamos limitando a describir la infidelidad a golpe de click, dejando fuera la otra jungla callejera que conforman los tríos, canas al aire, intercambios de pareja, prostitución, turismo sexual, masajes happy ending, poliamor, orgías, ect.

    Continuemos. ¿Cómo constituye entonces cada pareja qué es infidelidad en la Red? Tomando por norma el umbral más restrictivo y, en definitiva, no haciendo aquello que lastime al otro. Por ejemplo: si en una pareja el límite se encuentra en la consumición de porno, ese debería ser el valor que se establezca como patrón a determinar. A partir de ahí, el resto se consideraría infidelidad. 

    No deberíamos dejar cabos sueltos, puntos ciegos, espacios indefinidos en las relaciones. Si algo les hace daño, comuníquenselo a su pareja. Si la contestación es “eso forma parte de mi privacidad” -la más común de las respuestas-, ingrese con valentía en una página de contactos, y cuando su pareja le señale con el dedo acusador, contéstele dulcemente “cariño, eso forma parte de mi privacidad”. Veremos qué sucede. Apuesto a que se sienta a dialogar. Si no lo hace, plantéese la seria posibilidad de sacar a esa bestia de su vida.

     

    Si quieres saber de mí: www.anasharife.com

     

     

     

     

     

     

     

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