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Ana Sharife

Periodista especializada en Cultura, escribe para Prensa Ibérica y conduce un programa sobre sentimientos en Radio Marca. ...

Sobre este blog de Sociedad

El universo sentimental


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  • 27
    Marzo
    2014

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    ¿Es la mujer más infiel que el hombre?

    Hemos aceptado como norma algo absolutamente falso: que el hombre es más infiel que la mujer por naturaleza. Todos los estudios científicos corroboran la hipótesis de que las mujeres tienden tanto o más a la poligamia que los hombres, pues las hembras de todas las especies se aparean con más machos de los que son necesarios para la fecundación. Una de las señales más evidentes es el orgasmo femenino. La mujer tarda más tiempo en alcanzarlo para poder aparearse con más hombres en una sola jornada sexual.

    Esa historieta de que la mujer ha vivido dedicada al trabajo doméstico de manera exclusiva desde siempre, ya no se la traga nadie. En la comunidad primitiva la descendencia se marcaba por línea materna porque cada mujer sabía cuáles eran sus hijos. Tal situación se desprende del hecho de que no era posible conocer quién era el padre. ¿Me siguen? La antropología ha revelado que la conexión entre sexo y procreación no empieza a estar claro hasta las sociedades de cazadores-recolectores. Descubrimiento que constituye un hito importante porque trae consigo la conciencia de paternidad por parte del hombre y, con ello, los celos y el miedo al adulterio. El origen de nuestra esclavitud.

    Se trata de procesos históricos de transición entre matriarcado y patriarcado, que fueron agregando elementos que desembocarían en la monogamia y el matrimonio: nuestra condena definitiva. Es decir, un invento del hombre que no se puede justificar desde el punto de vista evolutivo y que sólo representan la garantía de que la herencia transmitida de padre a hijo sea confiable e incuestionable. Las leyes del patriarcado nos denegó desde la Antigua Roma todo derecho emanado del alumbramiento del que disfrutábamos las mujeres. Ligado a esto nacen tres fenómenos execrables. Por un lado, el miedo a la infidelidad femenina y por tanto, la penalización del adulterio de la mujer con castigo penal o la muerte; por otro, el infanticidio de niñas, como obsesión del hombre por garantizar un sucesor que en futuro entrara en posesión de los bienes de su padre, y, por último, la prostitución, que no es en absoluto la profesión más antigua del mundo, sino una actividad que esclaviza a unas mujeres para alejar a los hombres de las suyas.

    Y como detrás de las normas vienen las sanciones de la sociedad para quien se sale de unas reglas establecidas, las mujeres hemos fingido falta de deseo para protegernos del hombre y hemos adiestrado a nuestras hijas a fingir para protegerlas también. Por si fuera poco, nacen casualmente a un tiempo las tres religiones patriarcales y monoteístas: el Judaísmo, el Cristianismo con su 'virgen' -un ejemplo a seguir por la mujer- y el Islam. Como consecuencia, un dios hombre reemplaza así a la diosa mujer que reinaba en el mundo hacía 30 mil años y presidía con exclusividad la expresión religiosa de la Humanidad, desde muchos milenios antes de que se atinara  a conforman la reciente idealización del monoteísmo patriarcal.

    Estas estrategias creadas astutamente por el hombre no son exigentes para ellos. Se nos cargó a nosotras con el peso de mantener la cohesión familiar, una función social de primer orden para el desarrollo de 'su' comunidad, mientras ellos tenían 'amantes' o se iban 'de putas', lo que contribuyó a extender a lo largo de los siglos el mito de que ellos tienen más deseo sexual que nosotras. Pero, ¿quién se cree que Penélope esperó veinte años a Ulises? Apuesto a que se lo hacía con un algún prócer. La mujer ha aprendido a silenciar su infidelidad porque hasta hacía bien poco de ello dependía su cuello. La mujer negaba su deseo porque no estaba bien visto socialmente, pero la mujer es tan infiel por naturaleza como el hombre.

    “El deseo sexual de las mujeres se mantiene invariable con el paso de los años, e incluso aumenta, lo único que pierden más rápido es el interés en sus parejas”, explica la investigadora en biología evolutiva Kimberly Russell. Una perspectiva enfrentada a las teorías evolutivas clásicas, según las cuales el hombre tiende más a la poligamia como estrategia para asegurar su descendencia, mientras que las mujeres son monogámicas por naturaleza para salvaguardar la crianza de los niños. 'Nada más lejos de la realidad', insiste Russell. “La libido femenina es más exigente que la de los hombres, quienes sí pueden mantener el deseo sexual hacia ellas durante mucho más tiempo”, apunta la investigadora relativizando así la supuesta naturaleza monogámica de las mujeres. De hecho, la capacidad que desarrollan muchas mujeres para reprimir el deseo sexual fuera de la pareja se está confundiendo con la falta de libido. Cuando este deseo reprimido se debe a que la mujer conoce un término llamado 'valores'. ¿Les sonará de algo ese término a los hombres? Son los valores lo que hace que una mujer sea fiel a su pareja aún deseando a otros hombres, lo que hace que una mujer cumpla la palabra dada y no se vaya a la cama con el primer tío bueno que le guiña un ojo.

    La mujer está aceptando como normal algo que no es cierto: que el hombre es más infiel que la mujer por naturaleza. La sociedad entera tiene en sus manos la oportunidad de poner las cartas sobre la mesa. Y nosotras tenemos una ocasión única como mujeres de educar varones sensibles y respetuosos con la mujer, a los que quitarles el peso de no poder mostrar sus sentimientos y todo lo que le ha llevado a asumir un sentimiento de superioridad y dominación, así como enseñar a las niñas a ser independientes y valientes. La familia verdadera está por construirse. Debemos inventarla. Una familia en la que los valores colectivos nos permitan avanzar hacia una sociedad justa, lejos de este malsano patriarcado.

    Si quieres saber más de mi, entra en www.anasharife.com

     

     

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