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Ana Sharife

Periodista especializada en Cultura, escribe para Prensa Ibérica y conduce un programa sobre sentimientos en Radio Marca. ...

Sobre este blog de Sociedad

El universo sentimental


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  • 28
    Mayo
    2014

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    En la vida todo es sexo, menos el sexo que no es sexo sino poder

    Sólo existe un poder en el mundo: el que sobre el hombre ejerce la mujer.

    Si bien hasta hace diez mil años el hombre era cazador, un concepto mucho más complejo de lo que parece a simple vista, esto ha convertido al género masculino en una criatura básicamente visual. Nuestros ancestros masculinos necesitaban un sentido desarrollado de la vista para salir a cazar o para vigilar mientras las mujeres permanecían en las cuevas, al cuidado de las crías. 

    La mujer lo sabe, conoce esta característica masculina. Conoce el poder que su belleza ejerce sobre el hombre, y ha usado hábilmente y para su beneficio esta interesante 'debilidad' varonil. Igualmente, la mente masculina está diseñada para 'apagarse' inmediatamente después del orgasmo, según un estudio del doctor Serge Stolerú, que sostiene que la eyaculación está asociada a un descenso de la activación a través de la corteza prefontral. No es casualidad que los hombres sólo bajen la guardia tras caer rendidos en brazos de una mujer.

    Cualquier hombre puede perderse siguiendo el movimiento de unas caderas. El sexo puede gobernar los sentimientos y las decisiones aun de las personas más estables emocionalmente, porque el instinto sexual concentra la más intensa manifestación emocional de un individuo, y es por ello que suele escaparse al control racional. Por eso es tan fácil seducir a un hombre. Un juego sutil que comienza retrasando la gratificación. De camino a la cama, la mujer tiene el poder; después de la cama, el hombre luchará para hacerse con él. Según el psicólogo Álvaro Bonilla, para los hombres 'la imaginación crea anticipación, y una enorme esperanza de participación'. Ésta es la razón por la cual un hombre se excita ante una mujer vestida, 'porque la anticipación de verla desnuda es la fuerza que moviliza la atracción y la seducción'. El placer de la recompensa.

    No hay imagen más vulnerable que la de un hombre en manos de una mujer. Cuando la hija de Marco Aurelio le dice al comandante de los ejércitos: '¡Detente, Máximo!', sabemos con exactitud qué está sintiendo el valeroso gladiador, como también sabemos que acatará cualquier orden que proceda de labios de esa mujer. En el mundo militar lo vemos con precisión. En una escala de grados, una mujer civil manda más que un general. Lo que refleja el esquema mental del hombre más puro: el guerrero, el oficial, el caballero.

    "El affaire Hollande pone en duda la seguridad de la presidencia francesa", escribió el periodista Miguel Mora desde París. "El hombre que prometió ser ejemplar, ha convertido su mandato en un vodevil y es un jefe de Estado bajo sospecha de lesa imprudencia". La capacidad de una mujer para persuadir a un hombre en contra de su voluntad, conseguir que se desespere, no es algo nuevo. Las grandes seductoras de la historia lograron tentar a hombres de honor y gran virtud. El imbatible Sansón se abandona a sus instintos y olvida su misión divina, vencido por un enemigo carente de armas y fuerza física: Dalila. Y la reina de Saba logra de Salomón un largo tratado de no agresión y comercio entre estos dos reinos. Si Oriente Medio dejara a sus mujeres gobernar, vivirían en armonía. No cuesta imaginar a una hermosa judía presidenta del Estado de Israel seduciendo al presidente de la Autoridad Nacional Palestina. Apuesto a que tras una sola cita sellarían la paz de un conflicto que dura más de 60 años.

    Para Beauvoir 'el hombre se deja encasillar en una caracterización artificial que la mujer perpetua con su silencio y que puede llevar a consecuencias funestas', pero no creo que esta actitud históricamente femenina sea casual. La mujer no quiere perder sus armas porque sabe que son poderosas, por eso no modifica ciertas reglas del juego: el cortejo, la seducción, el misterio, la aparente sumisión. Sin embargo, en el hombre el elemento seductor por excelencia es la admiración de la mujer. Porque eso es lo que los hombres quieren: admiración. Cuando un hombre te habla de sí mismo, es como un niño subido a un monopatín que le dice a la madre desde lo alto de una pendiente: '¡Mamá, mira lo que sé hacer!'.

    Es así de sencillo. Si pones en marcha la química de la admiración, el hombre cae rendido a tus pies. Obtendrás todos sus favores. Tendrás el poder. Porque 'en la vida todo es sexo, menos el sexo, que no es sexo sino poder'.

     

    Si quieres saber más de mi: www.anasharife.com/

     

     

     

     

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