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Las Estaciones y Los Días
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Israel Olivera

Periodista. Del norte al sur.

Sobre este blog de Cultura

De lo cultural, de lo político y de lo social


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  • 25
    Octubre
    2011

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    Sal gorda sobre las heridas

    La sátira impertinente siempre ha sido un recurso estilístico más que aceptado, casi un modus escribiendi, por tantos finos estilistas de la pluma, el glosario y el comentario.

    El tertuliano voraz, el vocero omnipresente, el tuitero desbocado, todos la han (hemos) empleado en alguna ocasión para referir tal o cual hecho. Pero de la sátira impertinente al insulto zafio y soez solo hay un margen estrechísimo, un caminar por el filo de la navaja que puede hacer caer el ingenio hacia el más burdo de los agravios. Y en este caso, además, con la ética más rastrera que se asocia a los cobardes.

    En estos días de paz probable, de paz posible, de paz aún imperfecta, de caminos por abrir, por descubrir, de un sueño cumplido, los agoreros de la estulticia, los portavoces de la miseria, descubren en la chanza un recurso estilístico que va más allá de la fina ironía y de la sátira impertinente para transformarse directamente en sal gorda.

    Nancys Lloronas, con este epíteto, este calificativo que pretendía ser ingenioso y que acabó desbarrando calificó Carlos Herrera a algunos dirigentes del PSOE como Rubalcaba o Patix López ante su emoción y llanto tras el anuncio de ETA. Al rebufo insultó a víctimas de ETA como Eduardo Madina (una bomba estalló en los bajos de su coche tras repostar gasolina en una estación de Sestao, lo que le provocó la amputación de una pierna) que también es hoy dirigente del PSOE.

    Víctimas y víctimas. Y más víctimas. Solo muerte, solo dolor.

    Por su regúrgito socialista, habría que recordar a Carlos Herrera los nombres de algunas otras personas a las que quizá (en el mismo saco) también podría llegar a calificar en un arrebato de Nancys Lloronas: Fernando Múgica, Fernando Buesa, Ernest Lluch, Froilán Elespe, Isaías Carrasco. Todos muertos. Todos asesinados. Y sí, todos socialistas.

    Lo que más estremece es que el mismo Carlos Herrera fue objetivo de ETA cuando la banda terrorista envió una caja de puros Montecristo a su nombre el 27 de marzo de 2000. La fortuna hizo que no explotara. Se exilió al Caribe, libre fue para hacerlo. No se quedó como otros hicieron. Gentes del PSOE, del PP, de EB, del PNV, otros compañeros de profesión a los que la bomba sí estalló en las manos arrebatándoles la vista, los dedos de una mano como Gorka Landáburu. 

    Algunas plumas las carga el diablo.

    Y cuando más finas habrían de ser las letras en esta epoca de pasos de baile, más sal gorda se arroja sobre las heridas abiertas.

    Por si hay dudas, solo hay que escuchar el siguiente audio a partir del minutos 7:27: Editoriales de Carlos Herrera: Libia entra en época medieval.

     

     

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