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Las Estaciones y Los Días
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Israel Olivera

Periodista. Del norte al sur.

Sobre este blog de Cultura

De lo cultural, de lo político y de lo social


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  • 28
    Noviembre
    2013

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    Han pasado cuatro días

     Han pasado cuatro días.

    La marea violeta se ha disuelto en el tráfago de la información política, económica.  Ha sido subsumida por las cañerías de la inmediatez. Han pasado 4 días. Una eternidad.

    Cuatro días desde los discursos políticos, la lectura de manifiestos, las movilizaciones, los lazos violetas, las grandes palabras, los grandes actos. El lunes, la sociedad se movilizó, hizo acto de presencia en la calle, mostró músculo y arropó a las mujeres maltratadas, indefensas, agredidas física, psicológica, sexualmente. Cuatro días.

    ¿Y ahora? ¿Qué hemos hecho desde el lunes? ¿Qué gesto hemos tenido con nuestra vecina, a la que sabemos vejada desde hace años? ¿Hemos denunciado? ¿Hemos acudido a la sede de alguna ONG que trabaje en pro de los derechos de la mujer? ¿Hemos sido capaces de silenciar un comentario machista en un bar? ¿Hemos mirado a nuestra hija a los ojos para decirle que sea libre?

    Las celebraciones de los días señalados son siempre necesarios. Visibilizan un problema grave, dan voz a los que no la tienen al menos durante 24 horas. Movilizan a los desmovilizados. Conciencian a los concienciados. Vertebran un problema gravísimo en torno a un lema, a una pancarta, a una consigna. Sacan a la luz los datos demoledores. Nos obliga como sociedad a posicionarnos.

    Pero ¿y después? La marcha violeta se retira, desaparece y las mujeres maltratadas regresan a la soledad de sus vidas preñadas de miedo y de dolor.

    Cuatro días después de las palabras tenemos la obligación como sociedad de seguir construyendo  su esperanza de una vida mejor con hechos, tenemos la obligación de hacerlas sentir nuestro aliento, nuestro apoyo, nuestra compañía, hacerlas sentir que no están solas. Y eso requiere gestos, hechos, voluntad, denuncia, conciencia.

    Los agoreros, los que siempre niegan todo, los que critican sentados en un despacho, tras el micrófono de  algunas tertulias, acodados en la barra de un bar... Dirán que estas palabras son demagogia, que estos actos celebrados el lunes no sirven para nada, que la sociedad no cambia, que todo es propaganda feminista, que también hay violencia contra los hombres.  A todos ellos, vigiladles, porque esos, ellos, no están con nosotros, no están con vosotras, nunca estarán a vuestro lado.

    Cuatro días más tarde aún mantengo en mi solapa el lazo violeta contra la violencia machista. Lo llevé el lunes, lo llevé el martes, lo llevé el miércoles, lo llevo hoy, jueves. Lo llevo siempre. Y tú, ¿lo llevas?

    Firma Invitada. SER MARBELLA COSTA DEL SOL

     

     

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