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Las Estaciones y Los Días
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Blog Las Estaciones y Los Días - Israel Olivera

Israel Olivera

Periodista. Del norte al sur.

Sobre este blog de Cultura

De lo cultural, de lo político y de lo social


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  • 18
    Octubre
    2011

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    El frío invierno de ETA

    El invierno que vive ETA es frío.

    Revivo en el sur la primavera de ETA y sus adláteres. Una primavera de sangre, de crueldad, trufada de odios, de incomprensión, de cerrazón y de muerte. Una primavera siempre sin futuro para la sociedad vasca.

    Mi juventud, mi adolescencia, mi niñez, mi primera madurez transcurrió en un municipio vizcaíno en el que una troupe de encapuchados portaba cócteles molotov irrumpiendo en las fiestas patronales, los lanzaba contra cajeros automáticos, contra contenedores de basura. Todo ardía. Vecinos desalojados. Humo y terror. 

    También escuché desde mi casa la explosión del coche bomba que mutiló de por vida a Eduardo Madina. Temblaron los cristales de las ventanas. Saltaron las alarmas de los coches. Las sirenas de la Ertzaintza, de las ambulancias. En aquella red de hierros candentes se truncó definitivamente su carrera como jugador de voleibol.

    Sí, viví con pavor aquellas 48 horas en las que Miguel Ángel Blanco permanecía secuestrado por ETA. Angustia por una vida. Caminé por la Gran Vía de Bilbao en silencio, hasta que un grito de "Libertad, libertad, libertad" rompió el mutismo de los miles presentes. Esperé angustiado hasta escuchar la nunca esperada noticia de su muerte.

    Asistí con estupor a la rabia de la sociedad vasca que aquellas 48 horas quería cargar contra las sedes de Herri Batasuna. Rabia contenida, dolor. Con el llanto en el rostro contemplé como aquellos ertzainak se quitaban las máscaras, los pasamontañas, los cascos en un gesto de solidaridad con todos.

    En mi adolescencia, en mi juventud, en mi primera madurez, en mi niñez escuché, viví, sentí el drama íntimo y público de cada tiro en la nuca, de cada explosivo que cercenaba, de cada acción violenta.

    Y todo parecía retorcidamente normal en mi vida de niño, de adolescente, de joven, de periodista por hacer.

    Recuerdo aquella primavera de una ETA intocable y, ahora, asisto a su invierno más frío. 

    En aquellos días de los ochenta, de los noventa, habría sido inconcebible la situación que ahora vivimos. 

    Hoy, ahora, se habla del fin de ETA como una realidad, está al alcance de los dedos. Allí, en aquella primavera solo pensar en una Euskadi sin su presencia era una entelequia, un sueño, una esperanza, una aspiración.

    Que termine. Que termine ya. Y hablamos. No quiero más víctimas. No deseo más muertos. Nadie los quiere. ETA nos sobra a todos, nos ha sobrado siempre.

    ¿Podemos imaginar, soñar, una Euskadi sin ETA? Ahora, hoy, la respuesta es sí.

     

     

     

     

     

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