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Las Estaciones y Los Días
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Israel Olivera

Periodista. Del norte al sur.

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De lo cultural, de lo político y de lo social


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  • 30
    Julio
    2013

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    El catador de Francisco I

     Cierto es, palabra del representante de Dios en la tierra, que el discurso del Papa Francisco en Brasil ha revuelto a más de uno en su poltrona cardenalicia o episcopaliana. Más de un cardenal mordiéndose los nudillos de la mano derecha mientras con la izquierda se apretaba el bajo vientre.

    Las palabras tienen el valor del Verbo y hay que subrayar su importancia. Que un Papa hable de laicidad del estado, de la reforma de la curia vaticana, de la austeridad de la iglesia, de la ordenación de las mujeres o de marginaciones homófobas es un paso enorme en una institución anquilosada en su poder cerrado y oscurantista. Una vela pequeña que alumbra una pequeña esquina de una enorme estancia sombría.

    El contexto le favorecía: un encuentro de Juventud en una potencia emergente, socialmente desequilibrada, con necesidad de escuchar al futuro, en un continente que Francisco I conoce bien (él mismo dijo que habían ido a buscarle al fin del mundo). Roma está muy lejos de todo esto. En tiempo, en modo, en espacio, en ideología.

    Las frases de Francisco I son trascendentales en un discurso monolítico desde hace décadas. Parece que anuncian un cambio o una grieta en el pensamiento decimonónico de la iglesia católica. Pero.

    Los fantasmas no se encontraban en Copacabana, sino asentados en el Banco Pontificio, el banco vaticano que espera incólume la llegada del reformador. En la doctrina de la iglesia católica que retiene gran parte de su poder en sus secretos, en sus partes más oscuras.

    Hay quien dice que el Papa Francisco I ya tiene un catador oficial. Que comienza a temerse por su vida. Que sus palabras en Brasil han molestado en Europa, ha herido en Roma y han soliviantado al Vaticano, a su poder. Y el poder Vaticano no tolera ovejas descarriadas, ni siquiera si se llaman Francisco, si ostentan el ordinal número de Primero y son el Papa.

    Hay ejemplos.

    "Soy hijo de la Iglesia", Franciscus I dixit. Esa puede ser su condena.

     

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