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Las Estaciones y Los Días
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Israel Olivera

Periodista. Del norte al sur.

Sobre este blog de Cultura

De lo cultural, de lo político y de lo social


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  • 25
    Abril
    2012

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    Defender lo indefendible

    Tras las ingenierías económicas de los grandes próceres, de los magnos cirujanos del bisturí financiero, de los enormes líderes de la sapiencia empresarial ahora les toca el turno a los obreros de a pie defender lo indefendible.

    El gobierno popular ha echado una soga al cuello a cientos de sus correligionarios: alcaldes, concejales, cargos públicos del PP que se enfrentan al tú a tú diario con sus vecinos y vecinas, lejos de los coches oficiales tintados, los vuelos exprés, las medidas de seguridad y la siempre inaccesibilidad que conlleva el poder. Lejos, a su vez, de la ciudadanía, esa masa resignada y doliente.

    Los recortes en sanidad, en educación, tienen para estos cargos públicos nombre y apellidos, rostros, caras. Algunos de estos representantes municipales han capeado el temporal con una pertinaz abstención  en los asuntos supramunicipales cuando sus bancadas ocupan la oposición. Otros, vara de mando en la mano, han vadeado este río de aguas procelosas argumentando más disculpas que convencimientos. Eso sí, hasta que los comités federales, las asambleas generales y los órganos mayúsculos del partido en Génova han sacado el látigo y puesto firmes a sus cargos electos, facilitando argumentarios en los que puede la macrocifra frente al conocimiento personal. Y es que, la doctrina del recorte impuesta por el PP desde el gobierno absoluto, afecta no solo a los extraños sino también a los propios.

    Este lugar incómodo demuestra que las decisiones económicas se realizan siempre de espaldas a la ciudadanía, en cenáculos de ringorrango, sin luces y sin taquígrafos, sin un conocimiento preciso y exacto de la situación real de las personas a las que las medidas van dirigidas. Dos ejemplos: el café a 0,80 céntimos de Zapatero o los 8 euros de Rajoy en relación a las pensiones y el repago de las recetas. Ambos líderes demuestran vivir alejados de una realidad a la que exigen o imponen restricciones en fundamentos básicos del estado del bienestar. Muchas personas que conforman esa ciudadanía, la real, la que soportará los recortes, ven ante sí un futuro aciago.

    Mientras, los cargos públicos del PP, esos de la política menor que creían ver extenderse ante sí un prometedor recorrido, degluten con apuros las medidas que su partido impone. Eso sí, no llaman a la pena. Poner un pie en la política municipal siempre es un acto voluntario.

    A defender lo indefendible toca.

     

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