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Las Estaciones y Los Días
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Israel Olivera

Periodista. Del norte al sur.

Sobre este blog de Cultura

De lo cultural, de lo político y de lo social


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  • 13
    Agosto
    2012

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    De lo miserable

    Tan miserable es la idea como su ideólogo y tan execrable su puesta en marcha como el ciudadano que haga uso de ella.

    Alguien en Ferrocarrils de Catalunya, empresa pública dependiente de la Generalitat, pergeñó hace unos días una herramienta maestra, un instrumento sutil y barato para erradicar una de las más peligrosas lacras que sufre su red de metros y trenes.

    Alguien en Ferrocarrils de Catalunya dio el visto bueno a la puesta en marcha de esa herramienta, encargó su desarrollo, pagó con dinero público su implementación y la publicitó.

    Alguien, en instancias políticas superiores más allá de Ferrocarrils de Catalunya, firmó el consentimiento sin saber de manera completamente incompetente qué legajo firmaba o plena y perfectamente consciente de la ejemplaridad del instrumento que la empresa pública iba a poner en marcha.

    Barato, de fácil manejo, futuriblemente popular entre los usuarios, práctico. Y miserable.

    El ingenio en cuestión era una aplicación móvil que permitía, a través de la cámara fotográfica de un smartphone, tomar una instantánea de cualquier “mendigo sin hogar”, “vendedor ambulante” o “músico callejero” y denunciar su presencia en la red de metro o de trenes de la compañía para que el resto de usuarios del servicio pudiera “viajar tranquilo”.

    Si miserable es la idea, más aún resulta la invitación a la denuncia que hace el propio programa, que solicita la colaboración ciudadana para terminar con esta peligrosa horda. Incluso, como ayuda al concienciado ciudadano, la aplicación lo pone más fácil aún, subdividiendo al denunciado en tres categorías: “músicos ambulantes”, “mendigos” y “vendedores”.

    Tan execrable es la idea, cocinada al fuego lento de la burocracia y de la rentabilidad electoral populista, como el político que la permite y consiente, el cargo de confianza que la pone en marcha y el funcionario que la ejecuta. Porque en este proceso, ninguno de los implicados denunció su desarrollo y aplicación, siendo la propia ciudadanía la que, de nuevo, se ve obligada a acusar.

    Más de 9.000 personas ya han mostrado su indignación en una carta remitida a la compañía en la que se avanza qué podrá ser lo próximo: “¿Aplicaciones para denunciar indocumentados? ¿Gays? ¿Negros? ¿Gente gorda o delgada? ¿Altos o bajos?”

     

     

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