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La montaña rusa
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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 18
    Septiembre
    2012

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    Otra pata del triunvirato

     La muerte de Santiago Carrillo es la desaparición de la segunda pata del triunvirato más extraño de la Transición. Queda Adolfo Suárez, y también se fue Gutiérrez Mellado. Javier Cercas, en su libro 'Anatomía de un instante', imagina el encuentro desesperado del destacado comunista con el militar más odiado por  sus colegas durante la noche del 23-F, cuando Tejero los aisla en un despacho del Congreso de los Diputados. Volvían a estar en una situación extrema, en un momento donde todo podía saltar los aires, desatarse la rabia, igual que en 1936, cuando el general, preso en la cárcel, logra salvarse de las sacas de Paracuellos, un acto represivo con un joven Carrillo al frente del orden público del Madrid republicano. La historia tenía un comportamiento rocambolesco: allí estaban de nuevo, unidos por la ocasión, con la cajetilla de cigarros de mano en mano... Procedencias distintas pero irrevocablemente vinculadas por la legalización del Partido Comunista: Gutiérrez Mellado ser convirtió en un paria para el Ejército desde que fue parte de la decisión más importante de la incipiente democracia. Sus compañeros de armas, de la guerra civil, nunca se lo perdonaron. Y el mismo destino se reprodujo con Adolfo Suárez: Carrillo colaboró con él para bajar el tono, el simbolismo de un PCE que podía volver a poner todo patas arrriba. También estaba en el despacho de la noche del 23-F, pero ya era un político quemado, ninguneado por los suyos, asqueado de las conspiraciones contra su persona, aunque también soldado a fuego a Carrillo, que vivió en propia piel el descaro y el riesgo con que el líder de UCD se aplicaba a la política: de hecho, sin ello, jamás hubiese podido él volver al Hemiciclo. 

     

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