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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 05
    Agosto
    2014

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    Josep Pla y el regateo

    La familia de los Corleone, en buena directriz mafiosa, sostuvo en el tiempo la tensión de desembarazarse de la podredumbre y lograr así sentarse entre senadores, patricios de Boston, políticos de Washington y entregados filántropos. La codicia (y el perturbador olor de la sangre) frustró la evolución y acabó con Michael Corleone sumido en la desesperanza siciliana, entre el vino del lugar, el aceite virgen y las migas de pan. Este fracaso (y no debe tomarse como tesis) habla, en sí mismo, de la lucha por allanar la tierra del jardín y no dejar ningún promontorio sospechoso. Don Vito, El Padrino, quería deconstruir a su hijo Michael (Al Pacino), extraerlo de la mafia y situarlo en Harvard para lograr la escoba mágica que pusiese fin a la orgía. El patriarca quería un guion prometedor: una fortuna blanqueada en los grandes salones, sin atisbo ni mácula de bajos fondos. Nunca le pasó por la cabeza (y así fue en la versión de Coppola) que los descendientes se descarriaran, hasta el punto de tener que ofrecer su rostro ajado, su honorabilidad, para salvar las vetas de la mina.

      Los juncos que forman la cesta siguen siendo los mismos: la familia entierra un secreto y vive generación tras generación con la postal delatora escondida bajo la almohada. El padre de Jordi Pujol ganó lo suyo con el contrabando de divisas (fuente de recursos en lugar portuario que se precie), escaló posiciones y adoquinó con esmerado celo la biografía de su hijo, el president, para darle el brillo de la burguesía catalana, siempre entre dinero. Don Florenci, como es lógico, pensó en el ascenso hasta los cielos, en una dinámica histórica donde un hecho anula el anterior, de manera que hemerotecas ni google fuesen capaces de un eterno retorno que abriese la caja de los truenos. Y no le pasó por la cabeza que sus artes de hombre hecho a sí mismo (en España no ganamos para disgustos con ellos) tuviesen un reverdecer, una fusión entre sus pesetas de antes y la presuntas comisiones de los cachorros: en total, según Jordi Pujol, una fortuna oculta en el extranjero durante 34 años.

    La suerte del verano me puso en la manos el libro Conversaciones de Josep Pla, siendo el contertulio del incisivo escritor y periodista Joaquín Soler Serrano, memorable conductor del programa A fondo de TVE. Recomiendo este título (Ediciones Destino), aunque temo que agotado, por ser un acceso privilegiado al saber de Pla (de Palafrugell, su pueblo, su masía, al mundo) y por contener comentarios más que sabrosos sobre qué significa ser catalán, a qué nos enfrentamos y cuáles son las claves con las que se desenvuelven. El autor, con más de setenta años, no tiene pelos en la lengua y habla como periodista y observador desenfadado.

    Decía que teledirigido por el escándalo del honorable y por las sinecuras con las que se ha beneficiado por honores (pensión desorbitada, coche oficial, secretaria, oficina...), me puse con Pla a ordenar ideas. Y uno de los aspectos que me llamó la atención en su merodear por la personalidad catalana fue el “seny como salvación general país”. Es relevante conocer qué dice Pla y cómo traduce esta permanente (y asfixiante) obsesión por la negociación, incluso hasta cuando la Fiscalía instruye y busca delito. Interesante también para discriminar entre la firmeza y la oportunidad de Mas con su expediente por la autodeterminación de Cataluña.

    “El seny es ‘el criterio’. Consiste, en definitiva, en partir la diferencia entre los dos extremos, lo que no es otra cosa que la técnica comercial. Yo creo que el seny”,  afirma Pla, “está ligado con algo que a mí me molesta mucho, pero que, al parecer, es necesario: el regateo. El regateo que se produce todavía en este país, consiste en llevar esta partición por la mitad, media veritas, como decían los antiguos, a la última pregunta, y si es posible aprovechando el céntimo. Lo que se debe en parte a que el comerciante a veces aprieta por un lado, y el cliente tira de la manta por otro”.

    Yo no tengo ninguna duda a estas alturas de que mucha de la historia de las relaciones de Cataluña con el poder central tienen como eje central el regateo, una particularidad a la que no renuncian, incluso, en momentos tan dramáticos como la agonía republicana, donde Juan Negrín se las ve y se las desea para controlar un nacionalismo al que le importa un comino el asedio franquista y que se dedica a reclamar jueces propios. Es sugerente, por tanto, que Pla hable de “la última pregunta”,  que quizás sea la del referéndum de Mas y también la que, a beneficio del proponente, abra un mercadeo “aprovechando el último céntimo”.

    La espiral de escándalos financieros no debe llevarnos al redil que parecería más obvio: otro más, esto es insoportable, cunde el desapego a las instituciones democráticas, la Justicia no es eficaz, se necesita una refundación... No, en el caso de supuestas irregularidades de los Pujol, la autodeterminación de Cataluña y el alambique de Mas sólo cabe pensar como el mejor Maquiavelo: la supuesta fortuna de don Florenci viene a ser una variante más en el regateo.     
     

     

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