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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

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Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 26
    Diciembre
    2011

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    El secretismo

     El breve tiempo que lleva Rajoy entre los muros de Moncloa ha sido suficiente para conocer la estética del poder que le pone: el secretismo. Su liturgia hermética en el nombramiento de ministros demuestra que las incógnitas del programa electoral del PP no eran meramente oportunistas, sino que el Presidente tiene incrustado este comportamiento en su genética.

    A los afectados por la virulencia del secreto sólo nos queda pensar en dos cuestiones: o Rajoy resuelve con mucha antelación sus empresas nacionales y luego disfruta diabólicamente con el desconocimiento de sus súbditos y el de las camarillas del partido, o padece de una preocupante inseguridad que le lleva a quemar hasta el último minuto antes de acometer la decisión trascendental.

    También nos queda la abstracción frente a este extraño retorno a tiempos pretéritos, en los que el nombramiento del ministro venía precedido de misteriosos contrapesos inexplicables para el resto de los mortales. La resolución del gabinete de Rajoy (y ninguna ocultación es eterna) será para la crónica política un manjar, pues sólo hay que pensar en estos individuos destrozados por la incertidumbre, a la espera de una llamada de teléfono y confundidos por los comentarios.

    Un ascenso fortuito, llegado del ultramundo del ordeno y mando, que plasmó Berlanga (y parecía que era una especie extinguida) en Escopeta Nacional, donde el favorecido abandona precipitadamente una cacería al ser llamado a consulta, con gran alboroto entre la asistencia. El nuevo Presidente ha fomentado un material literario inédito sobre el lugar y el cómo de la comunicación preministerial. El resultado de esta prudencia y cautela extrema ha sido que los agraciados presumen de cartera, pero carecen de secretarios de Estado por no tener ni zorra idea de que estaban en la obligación de hacerse con un equipo como ministrables. Son las ventajas y desventajas del secreto en cabeza única.

    Una vez observado que Rajoy ha trasladado su impenetrabilidad a la primera acción ejecutiva que le corresponde, cabe preguntarse si esta forma de abordar los acontecimientos va a ser el espíritu clónico del Gobierno. El secretismo, y hay experiencia sobrada de ello en la historia de los sistemas políticos, suele poner en marcha toda una serie de mecanismos ajenos a la objetividad: aduladores, intoxicadores, amiguitos del alma, cortesanos, compradores y vendedores de noticias, espías, comisionistas, conspiradores... Ser el primer presidente de la democracia con el honor de no ser víctima de una filtración puede ser un arma de doble filo. Y si en Moncloa asumen el récord como mérito y como característica suprema de Rajoy, pues los problemas no tardarán en llegar en un contexto donde la crítica o la autocrítica puede convertir en desplazado al que la ejerza. 

    El vínculo entre Soraya Sáenz de Santamaría y el Presidente se ha convertido en la letanía más preclara de este poder que amanece. La todopoderosa consejera delegada, bautizada así, es una prolongación de los silencios de Rajoy: no es cualquier vicepresidente, sino una segunda de a bordo cuyo aura crece por ser la confidente de las escasas dosis de exteriorización que se permite su jefe. Los vasos comunicantes entre los dos están bien unidos por una facultad que prioriza mucho el Presidente, la lealtad. En un gobierno con pocas mujeres, la llamada cuota femenina es reemplazada por la confianza que Mariano Rajoy ha puesto en una mujer carente de experiencia en labores gubernamentales. Pero volvemos a lo de siempre: los códigos del titular del Ejecutivo tienen una buena porción de agradecimiento.

     

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