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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 13
    Junio
    2014

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    El petróleo y las masas

    Igual que los finlandeses, los griegos, los portugueses, los irlandeses, los ciudadanos canarios, como el resto de sus compatriotas, son conscientes, y lo viven sin piedad, de que cualquier tecnócrata o alto ejecutivo de banca ungido por los títulos universitarios puede camuflar y manipular informes para crear una deuda intragable y poner a un país en situación de quiebra. Si algo marca nuestro convulso signo económico es la desconfianza: las sociedades civiles piensan más en la existencia del gato encerrado, y dan por hecha la falta de transparencia. Los ejemplos sobre este divorcio aparecerían a miles nada más abrir la Caja de Pandora. Sin ir más lejos: ¿por qué tantos manifestantes contra las prospecciones de petróleo en las Islas? En principio, una cuestión básica: imposible fiarse de los que adelgazan hasta la anorexia más cruel a los participantes en la protesta. La horquilla entre la valoración estatal y la organización resalta por una diferencia de miles y miles. En definitiva, dos realidades: la de un Nodo del PP y la de los que pasaron, estaban o gritaban desde San Telmo a la plaza de la Feria.

    Pero practicar la propaganda goebbeliana solo sirve para sacar los colores a los que tratan de manosearla en una época interconectada, creyendo estar aún en la década de los Teleclub de Fraga Iribarne. Dejémoslos ahí. Más enjundia tiene, sin lugar a dudas, el masivo rechazo a las prospecciones petrolíferas en Lanzarote y Fuerteventura y a la declaración de impacto del Ministerio de Medio Ambiente que posibilita los sondeos. Una animadversión, entiendo, sin matices: es decir, contra cualquier actividad que ponga en peligro el sector turístico y las condiciones medioambientales del Archipiélago. El nivel de movilización alcanzado contra los proyectos de la multinacional Repsol augura que el Gobierno de Rivero pondrá en marcha, dado el escenario a su favor, una consulta popular para dejar constancia de la voluntad de la sociedad. Entre los contenidos de la agenda de CC, sería por tanto una iniciativa fetiche de cara a las campañas electorales que se nos vienen encima, al margen de que la misma pueda tener o no amparo legal y fuese vinculante. Una condición, en todo caso, que no anula su capacidad para que se convierta en un símbolo para los opositores.

    Visto lo visto, el presidente regional tiene ahora amarras suficientes para poner la pelota en el tejado del ministro José Manuel Soria, al que, caprichos del destino o de la supuesta eficacia, le toca lidiar con dos competencias que en el caso de Canarias se han convertido en antitéticas, una dedicada a cuidar de la locomotora turística y otra especializada en permisos y trámites relacionados con el oro negro. Yo, en su caso, renunciaría a la segunda y me dedicaría con ahínco a mimar el vergel turístico canario, opción que le permitiría elevar el bajo índice de aprecio que se le tiene por su tierra. Pero cada uno es libre de hacer con su capa lo que le venga en gana. En este sentido, y en el fenómeno que nos ocupa, el elemento grancanario del gabinete de Rajoy siempre ha funcionado así: un finde en la Isla, y a cantar las excelencias e imposibilidades de un derrame. Promesas de puestos de trabajo. Desgracias venideras por echarse a dormir a la vez que Mohamed VI pisa el acelerador a fondo. Futuros de riqueza. Excelencia portuaria. Sinergias industriales. Convivencia pacífica con las riadas de turistas. Ecosistema salvado... Sin embargo, nada de ello, o al menos así se pudo ver el sábado tarde noche (con partido de la UD y de la Roja encima), ha servido para que los canarios entren en la dimensión que aconseja Soria.

    Sería mucho pensar que estas movilizaciones provoquen una congelación de los sondeos, es decir, una marcha atrás. Tampoco estaría de más cierto reconocimiento de que el camino elegido no ha sido el adecuado, y que la obligación de los poderes públicos es proteger a sus ciudadanos frente a los intereses de rentabilidad de las empresas. Quizás hasta cabría suponer, y todos somos humanos, que el ministro ejecutor haya querido curarse en salud antes de ser acusado de inclinar demasiado la balanza en beneficio de su terruño. Incluyamos todas las variantes posibles, pero el escenario está ahí: la creencia de que las prospecciones no pueden traer nada halagüeño para Canarias, y que las prospectivas que maneja el negocio difícilmente estarán por encima de la fortaleza de un turismo que viene al Archipiélago por su carácter diferenciador.

    A los promotores de las prospecciones no les vendría mal, por último, adentrarse en la creciente conciencia ecológica de los habitantes canarios, sensibles ante una hipotética transformación de sus espacios naturales, demostrada en expedientes como El Confital, Güigüi y Veneguera, aparte de iniciativas como la moratoria urbanística. Todo ello no puede ser soslayado ni convertido en una anécdota. Recomiendo para bajar la tensión ver el filme Tierra prometida, mosaico de las contradicciones empresariales, éticas y sociales frente al fracking y sus riquezas. Todo es posible.

     

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