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Blog ¿Hay vida en Marte? - Jorge Fauró

Jorge Fauró

Jorge Fauró nació en Madrid en 1966. Es periodista. Subdirector de INFORMACIÓN

Sobre este blog de Cultura

Acordes y desacuerdos y otros cantos de sirena.



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  • 07
    Agosto
    2014

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    Henri Padovani, Vince Clarke y otros perdedores del rock and roll (II)

    Henri Padovani, Vince Clarke y otros perdedores del rock and roll (II)

    Stewart Copeland, Henri Padovani y Sting, en los primeros tiempos de The Police

    La mayoría de nosotros conocemos The Police como trío. Efectivamente, con tal formato nacieron, pero durante el mes transcurrido entre julio y agosto de 1977, la banda llegó a ser un cuarteto. Incluso actuó en vivo con esa formación. El cuarto Police se llamaba Henri Padovani, y aunque apenas duró un suspiro (la peculiar manu militari de Sting se encargó de ponerlo en la calle) se mantuvo en el grupo en calidad de miembro fundador el tiempo justo para subirse a la ola del punk y grabar el primer single de The Police, el incunable Fall out (con Nothing achieving en la cara B), del que ya hablé una vez aquí y de mis peripecias para buscarlo (y encontrarlo, al fin) como una madre de la Plaza de Mayo dedica una vida entera a dar con su hijo desaparecido.

    Padovani era de Córcega y había crecido en Argelia. Tuvo la suerte de asentarse en el Londres efervescente de 1977 y la mala fortuna de que lo expulsaran de aquella vida desenfrenada y punk, pero el día que conoció en un club de la capital a Stewart Copeland le cambió la vida para siempre. Copeland, batería excelso, americano nacido en Beirut, de padre espía, posiblemente el más cerebral de los tres Police, vio en el punk la puerta abierta a su hasta entonces desaprovechado talento. Los punks convertían ráfagas de ametralladora en música fresca y transgresora. Los Pistols o los Damned no sabían tocar, pero él sí. Captó a un contrabajista de jazz de Newcastle que ejercía de profesor (Gordon Mathew Sumner, luego Sting), le tiñó el pelo de rubio y lo convirtió en cantante. Con Padovani a la guitarra, el hijo del espía ya tenía su banda. Como The Police grabaron un single rabioso, acelerado, el Nirvana en dos minutos y medio, un cañonazo que disimulaba su impostura (nunca fueron punks) y les metía en el grupete de bandas rupturistas (los Pistols, los Clash).

    Tras grabar Fall out Sting tomó el mando. Una cosa era aparecer como coetáneos de Sid Vicious y otra muy distinta que el público tuviera siquiera la tentación de compararlos con la quinta de Johnny Rotten. Los minutos de Padovani estaban contados. El corso no reunía el porte para el nuevo traje que estaban a punto de vestir sus dos compañeros. Stewart Copeland, técnicamente el mejor músico del grupo, también lo entendió. Y en esas reclutaron a otro guitarrista, esta vez sí, capaz de llevar adelante la nueva partitura, escrita con aires de reggae blanco tocado a mil revoluciones. El elegido fue Andy Summers, un veterano mod del swinging London que había tocado con los Animals de Eric Burdon. Aquel verano del 77 la vida entera pasó por delante de nuestro amigo corso, que dejó el grupo y, con ello, la gloria que les había reservado el destino: fama, dinero, relaciones a mansalva, mansiones, etcétera.

    Durante años, Padovani vagó sin éxito por un puñado de bandas desconocidas mientras sus ex compañeros colaban un éxito tras otro en las radio fórmulas: Message in a bottle, Walking on the moon, Every little thing she does is magic, Don't stand so close to me, Every breath you take,... y tantas joyas en la mente de quien lee esto ahora. El hermano de Stewart Copeland, Miles, manager del trío y presidente de su discográfica, IRS, debió de apiadarse del corso, al que en 1984, con Police ya separados y Sting triunfando como solista, llegó a nombrar vicepresidente de la compañía. Diez años duró en el puesto, tras los cuales lo intentó de nuevo como músico, incluso cantando en su lengua materna, el francés. Entre 1982 y 2007, Padovani consiguió grabar cuatro álbumes de los que hoy nadie se acuerda.

    La decisión de Vince

    Entre 1979 y 1980, un muchacho de 20 años llamado Vince Clarke conoce a un tal Andrew Fletcher y a un tal Martin Gore y montan un grupo. Se les une otro niñato, de nombre David Gahan. Viven en Basildon, en el condado de Essex, una ciudad de poco más de 150.000 habitantes (menos de la mitad de Alicante), y tocan la guitarra. Las seis cuerdas les gustan, pero comienzan a probar con sintetizadores. ¡Eureka! Graban un disco y se convierte en un éxito mundial. Quizá no diga nada el nombre de Vince Clarke, pero todo el planeta se sabe de memoria Just can't get enough, la canción que les encumbró bajo el nombre de Depeche Mode.

    Como Sting en la historia anterior, Clarke no deja que otros perros meen en su territorio, y el primer álbum de la banda, una deliciosa colección de canciones synth pop de la época (New life, See you), es en su mayoría obra suya, salvo un par de piezas de Gore. A Clarke no le echaron, era él líder. Simplemente, tanto chicle pop no estaba a su altura. Depeche Mode cambió radicalmente con su marcha, pero eso Clarke no lo podía saber y además es otra historia. A la busca de sonidos más densos se buscó una compañera, Alison Moyet, a cuyo encuentro acudió después de que ella buscara músico acompañante a través de un anuncio de periódico. Formaron Yazoo y tuvieron un par de números, Don't go y Only you, pero el dúo acabó tan mal que acabaron grabando las canciones por separado. Nuestro amigo volvió a intentarlo en 1985 y formó Erasure, el dúo con Andy Bell con el que ha grabado desde entonces, compaginando esta carrera con numerosas colaboraciones. No ha perdido ni una micra de prestigio desde que dejara Depeche Mode, ha seguido activo, produciendo y grabando con grandes músicos, pero se apeó del tren de una banda que lleva tres décadas en lo más alto, llenando estadios, escribiendo la historia del rock y sellando su nombre en el Olimpo de los grandes, ese mismo ante el que Vince Clarke se dio media vuelta cuando apenas le quedaban unos metros para franquearlo.

    (continuará)

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