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¿Hay vida en Marte?
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Jorge Fauró

Jorge Fauró nació en Madrid en 1966. Es periodista. Subdirector de INFORMACIÓN

Sobre este blog de Cultura

Acordes y desacuerdos y otros cantos de sirena.



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  • 21
    Julio
    2014

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    El FIB Benicàssim 2014 o el riesgo de acabar como el festival del 'mamading'

    El FIB Benicàssim 2014 o el riesgo de acabar como el festival del 'mamading'

    Público asistente a una de las últimas ediciones del FIB. FOTO: JOSE NAVARRO

    Aseguran quienes han visto a Oasis en alguna de sus participaciones en el Festival Internacional de Benicàssim (FIB) que en mitad de una actuación, a uno de los Gallagher se le escapó la siguiente frase, captada a través de los micrófonos y ante una audiencia de más de 30.000 personas: "Aquí vienen a vernos los mismos cerdos que en Manchester". No he podido verificar la veracidad del aserto, creíble, por otra parte, viniendo de la habitual impertinencia de Noel y Liam. Aunque irrespetuoso, el exabrupto es de esos que inconscientemente te obligan a asentir y comunicar a tus habituales compañeros de viajes festivaleros aquello de no vuelvo a Benicàssim.

    Acabo de regresar del FIB, cuya vigésima edición se clausuró el domingo 20 de julio con un aforo muy alejado de sus mejores tiempos. En honor a los organizadores del festival, puede decirse aquello de que bastante han tenido con salvar los muebles, teniendo en cuenta que la empresa promotora, Maraworld, está en pleno proceso concursal, lo que todos conocemos como suspensión de pagos. A pesar de ello, han sido capaces de completar un cartel decente, sobre todo el viernes, con Kasabian como cabezas de cartel, ilustres veteranos como Paul Weller, promesas muy interesantes como Jake Bugg y Tom Odell, y valores seguros como Tame Impala y The Razorlights.

    Lo que no se explica es cómo el festival pionero en España y durante muchos años líder indiscutible de este tipo de citas musicales veraniegas (llegó a codearse con los grandes de Europa sin acomplejarse ante monstruos como Reading o Glastonbury) ha podido consentir que el segundo escenario estuviera sonorizado de un modo vergonzoso. A más de cien metros de los músicos, el volumen era tan atronador que resultaba imposible aguantar más de una canción. Mal para Albert Hammond Jr. o Tame Impala, que tuvieron la mala suerte de que sus actuaciones se asemejaran más a una mascletá a un metro del oído que a un concierto de rock. La marca de chicles que patrocinaba el espacio debe de estar contenta. El público huía al primer acorde temeroso de perder sus tímpanos.

    En cuanto a la nómina de bandas y solistas, salvo en la jornada del viernes, es casi una broma convertir a The Libertines o a Paolo Nutini en cabezas de cartel, pero la situación económica del FIB es la que es. Sin embargo, un festival que ha tenido en la misma edición a artistas como Blur, Placebo, Beck, Travis, Moby y Suede (2003) no puede cobrar 159 euros por ver y oír cantar al ex novio de Kate Moss. Ni Pete Doherty son los Cure ni Paolo Nutini equivale a Bob Dylan.

    Y luego está ese peculiar público del FIB. Asegura el director de Benicàssim, Melvin Benn, que el 55% de los asistentes a la última edición procedían de fuera de España y de éstos, un 80% del Reino Unido. No hay por qué dudar de las cifras, pero uno andaba por el recinto con la sensación de caminar por la calle Mallorca de Benidorm o por la zona de marcha de Magalluf. Buenos chicos y chicas, sí, pero con esa habitual querencia a la borrachera que te obliga a estar permanentemente en guardia, esperando si te caerá a ti el lanzamiento del litro de cerveza que se ha convertido en la afición de este público desde que el festival se comercializó a mansalva en el Reino Unido. En algunas partes del recinto había que tener cuidado de no pisar al tipo que estaba tumbado a tus pies alrededor de su vomitona. Faltó el 'mamading' de Magalluf, pero denle tiempo si la empresa continúa apostando por esta afición que no se ve en festivales de iguales dimensiones y precio, como el Bilbao BBK Live o el Primavera Sound. Los Gallagher nunca han sido santo de mi devoción, pero si la frase del principio es cierta, no iban tan desencaminados. 

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