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¿Hay vida en Marte?
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Blog ¿Hay vida en Marte? - Jorge Fauró

Jorge Fauró

Jorge Fauró nació en Madrid en 1966. Es periodista. Subdirector de INFORMACIÓN

Sobre este blog de Cultura

Acordes y desacuerdos y otros cantos de sirena.



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  • 14
    Diciembre
    2014

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    Bunbury en Valencia, el día de la bestia


    Enrique Bunbury se ha convertido en un artista descomunal. Si fuera futbolista sería galáctico; de ser un político (nada más lejos de las pretensiones del maño) dirían que es de esos a los que llaman “de raza”. Aplíquensele, según la disciplina, todos los epítetos que se deseen rayanos en la hipérbole: alta cocina, oro de muchos quilates, alta costura, actor del método. Sobre un escenario y en un estudio de grabación los tiene todos. Y por supuesto, si fuera anglosajón estaríamos hablando de él como lo hacemos de Elvis, de Dylan, de Bowie, de Springsteen. El material contenido en sus álbumes, su puesta en escena, su actitud y el hecho de ser el único músico español que llena grandes recintos en su país, en Latinoamérica y, sobre todo, en el siempre poco accesible mercado de Estados Unidos, hacen que en la constelación de nombres propios que brillan en este negocio, Enrique Bunbury sea la única estrella del rock and roll española, la que atesora por derecho propio todo el brillo internacional obtenido a base de heredar lo que otros músicos nacionales (Raphael, Miguel Ríos, Auserón, incluso Loquillo) cimentaron durante décadas y a los que faltó el marketing y el envoltorio que hace irresistible el ex cantante de Héroes del Silencio.

    Valencia, Palacio de Congresos, 13 y 14 de diciembre de 2014, 21 horas. Bunbury estaba en deuda con esta ciudad. Quienes acudimos en julio al Jardín de Viveros a conocer la puesta en escena del Palosanto Tour 2014, nos topamos de repente con un aguacero que en apenas cuarto de hora descargó en la ciudad más agua que en “Lo imposible”. La actuación tuvo que suspenderse. El músico, después de casi dos años entre España, Latinoamérica y Estados Unidos sin apenas descanso, retomaba su cita valenciana en el marco de una gira de conciertos por su país que dice mucho de lo que a este hombre le pone subirse a un escenario: ha dedicado dos años de su vida a cantar por todo el mundo, y la salida de un álbum de estudio (Palosanto, 2013) se ha juntado con el correspondiente disco en directo (Madrid, área 51, 2014) de un tour que todavía no ha acabado. Con ese ritmo de trabajo, que ha incluido colaboraciones con otros músicos, no parece extraño que Bunbury haya anunciado que en 2015 va a hacer cualquier cosa menos tocar en directo.

    Durante sus dos noches en Valencia, el cantante volcó en el Palacio de Congresos el contenido del portapapeles tras copiar el repertorio del Área 51. Con esa manía suya de dejar bien poco a la improvisación, el artista se dirige al público con frases idénticas a las que aparecen en el álbum (el final de Hay muy poca gente, 'no es cierto, aquí están todos'; el agradecimiento final a valencianos y valencianas -según donde actúe le aplica el gentilicio de modo idéntico-), acaso porque a base de tirar de guión se acotan los fallos predecibles en un tour tan largo y extenuante.

    A diferencia de otras giras, Palosanto Tour dispone de un guión muy definido a base de multimedias de crítica a las grandes corporaciones, a los gobiernos, la llamada a la conciencia social derivada del 15-M o de las primaveras árabes. En esta ocasión, Bunbury no hace discursos. Las canciones de su último disco y los audiovisuales de fondo de escenario los hacen por él. El modelo de esta segunda vuelta por España en la defensa de su último disco huye de grandes recintos, y el enclave elegido para sus dos citas valencianas, el Palacio de Congresos, donde también presentó Las consecuencias (2010), no le separa del público ni siquiera un palmo. Aquello acaba siendo una comunión constante, entre otras cuestiones porque Bunbury, cuyo repertorio de posturas, aspavientos, actitudes de frontman heredadas de Robert Plant y poses ensayadas frente al espejo, no deja un instante de tocar al público, de señalarlo, de hacerlo cómplice durante las dos horas y cuarto en las que desgrana sus grandes éxitos.

    En la primera de sus dos citas con el público valenciano, que es la que se comenta aquí, estuvo Bunbury por encima de sus músicos, Los Santos Inocentes. Pletórico de voz (es impresionante la altura de tonos que alcanza este hombre), llevó a la práctica su máxima de que el público paga por algo más que escuchar las canciones. Hay que felicitar al sastre del cantante, primero, y a los encargados de luces, que acompañan a la música como si fuera ballet. A algunos miembros de la banda se les empiezan a notar los meses de aquí para allá. Ramón Gacías, que acompaña a Bunbury desde su primer disco en solitario, es aparte del batería, el principal asistente de producción de su paisano y hombre fundamental para definir el sonido final de los álbumes en estudio y en directo del autor de Flamingos. El sábado, Gacías estuvo técnicamente perfecto, aunque poco enérgico; parecía que cogía las baquetas sin ganas, dio la impresión de que ahí había poca pegada. Eso, junto a una mala ecualización de la percusión en algunas fases del show, provocó que en canciones como Frente a frente, el reverb fuera excesivo. Cuando eso ocurre, los músicos no lo aprecian en el escenario a través de sus monitores, pero el público se pierde cantando porque el golpe de caja de la batería se repite cuando no corresponde. A Rebenaque, el teclista, también le bailó alguna nota. Los guitarristas Álvaro Suite y Jordi Mena brillaron.

    En el contexto de un concierto impecable y muy superior al de otras giras, a Bunbury hay que agradecerle que revise continuamente las versiones tan distintas que él mismo aplica a sus canciones. A lo largo de los años hemos conocido tantas acepciones diferentes de Lady Blue, Sácame de aquí o Infinito que, dado que representan materia esencial en el repertorio de Enrique, siempre se agradece escucharlas e incluso se las espera. Pero el autor de Palosanto debería ir pensando en retirar algunos temas del set list. La única explicación que se me ocurre a que continúe metiendo El hombre delgado... es la cabezonería de Enrique a defenderse de las acusaciones de copia de la letra que marcaron la salida al mercado de Helville de luxe. Pero para eso nació en Zaragoza. El viaje a ninguna parte (2004), poco presente en esta gira, tiene mejores canciones (mucho mejores) que Que tengas suertecita, que Bunbury siempre se empeña en buscar hueco. Se agradece que recupere Contracorriente, de Radical sonora (1997), y se echan de menos algunas de las versiones de otros que han acompañado el repertorio del músico durante toda su carrera. Y me refiero, por ejemplo, a El jinete, de José Alfredo Jiménez, o Apuesta por el rock and roll, de Más Birras, también versionada por Héroes (de los que ahora rescata una versión soft de Deshacer el mundo).

    A falta de conciertos suyos en 2015, la máxima estrella del rock en España nos ha dejado un álbum en vivo para que no le echemos de menos. “Nos esperan en el 2015 otros proyectos, lejos de los escenarios. No sé cuándo volveremos a subirnos de nuevo a dar la cara públicamente por nuestras canciones. Sé que lo echaremos de menos, pero otros asuntos musicales y extramusicales, artísticos y mundanos, públicos y privados, nos esperan y nos alejarán de los focos”, ha dicho en su web. Será interesante conocer todo eso.

     

    P.S. Aquí os dejo el set list del concierto de Valencia (Palacio de Congresos, 13 de diciembre de 2014)

     

     

     

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