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Jonatan Molina

Jonatan Molina es psicólogo por la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), licenciado con mención honorífica "Alumno 5 estrellas". Se especializó en psicología clínica infantil y actualmente combina su labor en la clínica con proyectos de investigación y formación a padres y centros educativos.

Sobre este blog de Salud

El blog de psicología de Jonatan Molina Torres


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  • 26
    Abril
    2016

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    Deporte, violencia y niños. ¿De quién es la culpa?

    Deporte, violencia y niños. ¿De quién es la culpa?

    El sábado pasado un entrenador de categoría benjamín del Atlético San Blas detuvo el partido que estaba jugando su equipo al escuchar insultos a los jugadores rivales (recordamos que la categoría benjamín comprende niños de unos 8 años de edad). La noticia, publicada ayer por el Diario Información, vuelve a poner sobre la mesa el tema de la violencia en el deporte y las consecuencias que puede tener en el desarrollo de la personalidad del niño.

    La práctica deportiva es una de las actividades más recomendadas para los niños por los múltiples beneficios que reporta. El primero de ellos es la mejora de la condición física, que sirve como factor protector para prevenir problemas de sobrepeso o de obesidad en los niños. Además, el deporte es un facilitador para desarrollar la psicomotricidad lo que mejorará no solo la coordinación y el movimiento del niño, sino también la adquisición de aprendizajes en el ámbito escolar. La corteza motora del cerebro es la encargada de ciertos procesos mentales, por lo que un mejor desarrollo de estas zonas mejorará la capacidad de aprender del niño.

    Deporte, violencia y niños. ¿De quién es la culpa?

    El segundo beneficio tiene que ver con el desarrollo psicológico de los más pequeños. El deporte tiene de manera implícita una serie de características que ayuda a configurar una personalidad mucho más social y adaptativa. Hacer deporte implica relacionarme con otros niños por lo que se trabajarán de manera constante las habilidades sociales, contribuyendo a un desarrollo emocional más sano. Se plantearán situaciones en el deporte en el que tenga que asumir fracasos y derrotas, así que el niño aprenderá a canalizar sus emociones negativas y a realizar un ejercicio de autocontrol, habilidades estas esenciales en el correcto funcionamiento del niño en su día a día.

    Tras todo lo expuesto, queda claro que el problema con la violencia no es el deporte en sí, sino el uso que se hace de él. Y aquí tienen mucho que ver los adultos que rodean al niño en esta actividad, desde los padres hasta los entrenadores. Una de las vías de aprendizaje más importante en los niños es lo que se llama el aprendizaje vicario u observacional; el niño aprende aquello que ve hacer a sus figuras de referencia, que a estas edades suelen ser los adultos. Por tanto, el niño adoptará la actitud en el deporte que observe que es la preferida por los adultos que le rodean. El ejemplo más palpable es el de Mikey Wilson, el niño holandés que se hizo viral tras una fotografía en la que se le veía sacando el dedo en un estadio de fútbol. Al ver la imagen con su padre, podemos intuir cómo pudo aprender esos comportamientos el niño.

    Deporte, violencia y niños. ¿De quién es la culpa?

    El partido de fútbol del hijo sirve a veces como excusa para una válvula de escape del padre (hablo en masculino porque, en mi experiencia, suelen ser ellos los más exaltados, aunque también hay madres). Las personalidades agresivas suelen encontrar acomodo en las gradas de estadios deportivos debido a la permisividad en este ámbito de este tipo de comportamientos. Desearle la muerte a un jugador rival o insultar gravemente a un árbitro es algo tan cotidiano que casi se ve normal. El deseo de los padres del éxito del hijo, o incluso frustraciones propias en el ámbito deportivo en la niñez pueden aumentar todavía más estos comportamientos exigentes, directivos y agresivos que sirven irremediablemente como modelo para los niños.

    Criminalizar al deporte por el mal uso que algunos hacen de él sería cuanto menos injusto. Pero sí que hechos como el del sábado tienen que hacernos reflexionar acerca del papel que tenemos todos y cada uno de los que de una manera u otra tenemos relación con el deporte, ya sea como padres, jugadores o aficionados. Consentir este tipo de actitudes no solo transforma el objetivo último de la práctica deportiva, sino que somete a los niños a situaciones con un nivel de hostilidad y de estrés importantes. Se han dado casos de niños que desarrollan un comportamiento fóbico ante el deporte debido a lo aversivo que resulta el ambiente en el que se desarrolla y la presión a la que se los somete. Cambiar esto desde dentro y expulsar de este maravilloso mundo a la gente que utiliza el deporte como vía para expresar su agresividad debe ser una misión que debemos encomendarnos todos para que los más pequeños sigan practicando deporte como lo que son, niños. Dejo este vídeo para aquellos que piensen que es imposible, en un mundo tan mediatizado como el fútbol, infundir valores positivos en los niños.

     

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