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Leemos y recomendamos libros. No somos críticos, pero nos aferramos a nuestra pasión literaria como quien se abraza a un primer amor. Y recordad... todo está en los libros


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  • 30
    Diciembre
    2014

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    En un lugar de las Américas de cuyo nombre...

    Por VICENT IVARS

    Título: El final de Sancho Panza y otra suertes
    Autor: Andrés Trapiello
    Editorial: Destino
    Año: 2014
    Páginas: 432

    Será conveniente comenzar estas líneas con un pequeño cuestionario. Veamos:
    Si yo digo «El Quijote», ¿bosteza usted ante la simple lectura del entrecomillado?
    ¿Y si digo, más? Si digo «Don Quijote de la Mancha»... ¿le suscito algún tipo de miedo u hostilidad?
    Si en ambos casos, su respuesta es «no», seguirá avanzando en esta reseña.
    Si ha contestado «sí» en algún momento... hágaselo mirar.

    Porque aunque «El final de Sancho Panza y otra suertes» tiene como protagonista al eterno escudero, el Caballero de la Triste Figura sigue siendo el gran referente de todas sus aventuras, que son continuas y muy variadas. Sí: la presencia de Alonso Quijano es tan notoria en cada página y en cada capítulo de esta novela que bien puede decirse que también es protagonista. Y ello, pese a que es precisamente la muerte del hidalgo la que desemboca en la partida del dichoso «lugar de La Mancha» de Sancho Panza en pos de peripecias tan arriesgadas como la que el propio Trapiello asume al emprender esta obra (que nos depara, ya lo dice el título, la muerte del escudero).

    Porque hasta al más profano le sorprenderá un argumento que propone que Sancho Panza cambie sus horizontes manchegos  para cruzar el Atlántico y hacer las Américas –o las Indias–. Se trata de un ejercicio tan literario como metaliterario, y que plantea juegos con la realidad y la ficción como ya lo hizo Cervantes en su tiempo.

    O como lo hacen en la actualidad, y en el ciberespacio, miles de fans de Harry Potter y de demás sombras de grey, que prolongan en el internete las tramas de sus novelas favoritas. De hecho, anglicismos –como spin-off, cross-over o fan-fics– que tanto abundan en el lenguaje de la ficción explican este magnífico libro. Así, «El final de Sancho Panza...» es fan-fic porque un fan (un admirador, vaya) fantasea con una ficción ya establecida (El Quijote). Es spin-off, porque –dicho está– convierte a un personaje de una obra en protagonista de otra. Y también es cross-over porque rescata personajes de otros libros: ahí tienen –en uno de los pasajes más desternillantes de la novela– el encuentro con el Pseudoquijote y el Pseudosancho de Avellaneda.

    Y es que esta novela es también un juego entre la realidad y la ficción de El Quijote y de su tiempo: cómo se convirtió en un fenómeno de masas a un lado y otro del charco. Y una magnífica cartografía urbana de una Sevilla que, en esta novela, traza magníficamente qué era un «puerto de Indias». Ay, si me lo hubiesen explicado así en el cole...

    Pero también se pueden encontrar muchas claves de la España actual en diversos pasajes de la novela. Así, resulta impagable asistir a la tristeza que suscita toda emigración, el desolador panorama que se va dejando atrás, el futuro incierto, el miedo al desarraigo... E incluso a ejecuciones hipotecarias.

    Pero más allá de tramoyas metaliterarias, de parábolas de la actualidad y de una formidable recreación de la época, lo que Trapiello desarrolla en todo momento es una gran aventura. En el sentido más clásico de la expresión. No faltan en ningún momento ni los villanos –con una Sevilla como un París con su Corte de los Milagros–, ni las persecuciones –toda la peli lo es, como una Vuelta al Mundo en 80 días–, con su singladura oceánica –¡piratas incluidos!– y una llegada a las Américas que dispara toda la imaginación del autor. Si acaso, en este último tramo cabe consignar una ligera precipitación de acontecimientos. Pero nada reprochable, ya que para entonces el mismo lector ya sentirá no poca urgencia en conocer el desenlace.

    Y todo ello, entreverado –siguiendo la receta cervantina– con suculentos diálogos de Sancho con sus tres compañeros de viaje y coprotagonistas de la novela: el bachiller Sansón Carrasco, la sobrina de Don Quijote y el ama de ésta.

    Poco más cabe añadir sin riesgo de incurrir en un spoiler para quienes se embarquen en esta lectura cargada de épica. Eso sí, si a estas alturas (descendentes) de la reseña, usted se ha animado a disfrutarla, le aguarda una doble sorpresa. Porque antes que la novela ahora reseñada puede hacerse con «Al morir Don Quijote», obra del mismo Trapiello que (publicada diez años antes –como una década fue lo que separó la publicación de las dos partes de El Quijote–) arranca allá donde concluyó la obra de Cervantes.  Del mismo modo que «El final de Sancho Panza» lo hace con su primera parte.

    ¿Que si para disfrutar de ambas secuelas es necesario haber leído El Quijote? Pues no. Necesario, no. Su influencia es tan grande, y sus referentes están tan vivos entre nosotros, que se disfruta completamente. Ahora bien, si bien no es necesario, si que es recomendable. Siempre lo es. En 2015 se celebra el 400 aniversario de la publicación de la segunda parte de esta magna obra. Y ello constituye una excelente ocasión para atreverse con ella. Sin complejos.

    Después de todo, si usted todavía no se ha animado a ello, quizá no es culpa suya –bueno, un poco sí–. Quizá es porque resulta inexplicable que una de las obras más mejores y divertidas novelas de todos los tiempos haya tenido la peor campaña de animación lectora de toda la historia.

    Y qué caray... ¿a su edad, y todavía con miedos? Que es el Caballero de la Triste Figura, no el Hombre del Saco. Vale.
     

     

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