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Blog En campaña - Daniel Capó

Daniel Capó


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  • 10
    Diciembre
    2015

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    Tenerife Nacional

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    Una de las lecturas posibles de lo que ha sucedido en España durante estos últimos años es que Cataluña ha funcionado como la gran dinamo del cambio electoral. Se trata de una interpretación generosa y discutible, seguramente inexacta. El procés tiene una serie de puntos en común con la problemática del resto del Estado; otros, no obstante, son específicos de la región. La crisis económica, el malestar de las clases medias, el relevo generacional, el hartazgo frente a la corrupción, el descrédito de los partidos tradicionales: todo ello actúa como vertebrador del fin del bipartidismo.

    Pero en Cataluña, además, se añaden  factores propios que distorsionan dicha lectura: del giro rupturista del catalanismo clásico –que se ha autodestruido con Artur Mas– al actual control parlamentario por parte de una formación antisistema como es la CUP. Lo común y lo específico se solapan en una sociedad dividida electoralmente en dos y que exige una solución rápida para evitar un mayor enquistamiento de la desafección. La apertura de un proceso de reforma constitucional –y de una nueva financiación para las autonomías– apuntaría  precisamente en esta dirección.

    Sin embargo, sorprende la escasa relevancia de Cataluña en la campaña. Los partidos centrales del nacionalismo catalán parecen vivir de espaldas a la realidad y obvian que su marco jurídico e institucional no es otro que España y Europa. Optar, como al parecer pretenden, por un ruptura unilateral sólo les conduce a la parálisis política. En este sentido, que la antigua Convergència no entre de lleno en el debate de la reforma constitucional resulta suicida para los intereses de su electorado –algo que les diferencia, y mucho, del pragmatismo que muestran los actuales dirigentes del PNV–.

    Pero la irrelevancia de la cuestión catalana en la campaña se ha extendido a los principales partidos nacionales que, más allá de algunas alusiones en los mítines, apenas la utilizan. Como una marea, la atención de los ciudadanos se aleja de Cataluña para centrarse en los problemas de la vida cotidiana: la modernización del país, las pensiones, el Estado del Bienestar, la corrupción, la creación de empleo. Quizás el resto de España no se tome demasiado en serio lo que está pasando en Cataluña. O quizás, al final, lo que nos importa sea la difícil lucha por el día a día.

    En todo caso, los resultados de las generales en Cataluña van a tener una lectura en clave soberanista y probablemente no del todo favorable a los que defienden la independencia. Un mal resultado de Democràcia i Llibertat incidiría en la posición de Mas. Un resultado aceptable de Unió podría conceder oxígeno al catalanismo clásico. Una eventual victoria de Ciudadanos reforzaría su papel de alternativa. Lo que también ocurriría si la victoria se la llevase Ada Colau. ¿Y si gana ERC?

    Suceda lo que suceda estos días, en los próximos años Cataluña seguirá en el centro del debate. Con reforma constitucional o sin ella. Con la participación de los partidos nacionalistas o en su ausencia. Se hable de todo esto en campaña o no.  

     

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