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Blog En analógico y en digital - Rubén Sánchez Antuña

Rubén Sánchez Antuña

Ingeniero de telecomunicación, diplomado en economía y postgrado de especialista en economía de las telecomunicaciones. Como escritor tiene publicados cuatro libros: "Dos estrelles nel firmamentu infinitu","El murmuriu d'un mieu ensin nome","Dos visiones asturianes de l...

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Reflexiones sobre las TIC y la sociedad de la información


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  • 10
    Marzo
    2011

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    QUÉ RAZÓN TENÍAS BERTRAND

    En noviembre de 2005, la Unión Internacional de las Telecomunicaciones presentó un informe futurista sobre “algo” que dieron por llamar  Internet de las cosas. En dicho documento se divagaba sobre la potencialidad de integrar todo en una red de comunicación ubicua (en cualquier lugar, a cualquier hora, por cualquier persona y con cualquier cosa).

     De aquella –tampoco hace mucho, apenas 6 años-,  resultaba una postura iconoclasta pues Internet había nacido para conectar personas a través de máquinas. Sin embargo, actualmente el 12% del tráfico de la Red  conecta máquinas que hablan entre ellas para cumplir su función sin “ayuda humana”. Se estima que ya son más de  2 billones de objetos los que están dotados con chips RFID y que en el 2020 existirán a nivel mundial alrededor de 16.000 millones de dispositivos susceptibles de conexión, según datos de la consultora Analysys Mason. 

    Internet, de manera imparable, está dando el salto hacia cualquier objeto identificado que tenga capacidad de conexión e intercambio de información.  En el futuro todo será susceptible de estar conectado a Internet, es decir, todo contará con una dirección IP y facilitará a la Red tanto información propia como del entorno que le rodea.  

    A día de hoy ya estamos empezando a ver los prolegómenos de lo que está por venir: un mundo interconectado tecnológicamente en el que los sistemas y objetos pueden interactuar y comunicarse entre sí. Nuestro mundo está desarrollando una especie de sistema nervioso que nos permitirá, si somos capaces de interpretar y procesar correctamente la enorme cantidad de información que nos ofrece, crear sociedades más eficientes, interconectando distintos aspectos de nuestra vida para descubrir nuevas formas de enfocar el día a día. 

    Bertrand Russell en su obra “Elogio de la ociosidad”, que versa sobre una hipotética sociedad donde el trabajo lo hicieran las máquinas en lugar de los hombres, escribió una frase sublime: “Hasta aquí, hemos sido tan activos  como lo éramos antes de que hubiese máquinas; en esto, hemos sido unos necios, pero no hay razón para seguir siendo necios para siempre”. Por cierto, lo escribió en 1932.

     

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