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Gauden Villas

Sobre este blog de Deportes

Ha dicho muchas veces que su piel solo tiene un color: el rojo. Se creyó siempre un perdedor hasta que Luis Aragonés, el sumo pontífice, demostró que España también puede ser la más grande. Lloró con el gol de Iniesta y en su camiseta, contra viento y marea, luce el 9 de Torres.


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  • 11
    Junio
    2012

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    Jugando con fuego.

                                                    

                     Noventa y dos años sin ganar a Italia en partido oficial y todo apunta a que pasarán otros tantos, o más. Ni nuestros nietos se darán ese capricho. Y eso que esta Italia es como un león sin dientes. Le quedan garras sin mucho filo -Balotelli es un regalo para cualquier rival- y esa defensa numantina que tendrán hasta el fin de los tiempos. Poco más. Y, sin embargo, durante más de una hora fue mejor que España. O lo que fuera que nos preparó Del Bosque ayer.

                 Resulta difícil saber si la desesperante lentitud con la que se movían los campeones del mundo obedecía a una consigna o era producto de un sistema absurdo -no sabemos qué es peor-. Quiso el seleccionador copiar a Guardiola hasta en lo de jugar sin delanteros, olvidando que Guardiola tiene a Messi y él no. El resultado fue descorazonador. La primera parte de España fue de lo peor en muchos años, recordó tiempos pretéritos, derrotas contra Corea, gatillazos que creíamos extintos. Iniesta, Silva y Fábregas chocaban una y otra vez contra una defensa amurallada que se relamía de gusto, derrochando miradas de incredulidad ante las facilidades concedidas. No hubo un desborde en velocidad porque nadie la tenía, españoles de toda condición maldecían su suerte y Buffon bien pudo haberse permitido darse una vuelta por Turín para ampliar su colección de relojes.

                 Mala cosa el orgullo. Tras ese desastre descomunal, tras esos cuarenta y cinco minutos tirados a la basura, Del Bosque no hizo cambio alguno. Italia sí. Liquidó al "amigo" Balotelli y su reemplazo no tardó ni tres minutos en adelantar  a su equipo. Yo decía ayer que echaríamos de menos a Puyol. No sabíamos cuánto. La pareja Piqué-Ramos no funciona, por si teníamos pocos problemas. El empate de Fábregas, una genialidad, fogonazo aislado fruto del privilegio de contar con futbolistas excepcionales.

                 La cosa empezó a cambiar con Navas y dio el vuelco definitivo con la salida de Torres. Hubo dos partidos. Hasta que apareció el Niño todo era oscuridad, parsimonia y lamentos. Con Torres se abrieron los huecos, le ganó las primeras carreras del partido a los defensas italianos y puso el miedo en el cuerpo al humorista Chiellini -el catenaccio italiano fue de catálogo la mayor parte del encuentro- y compañía. Pero como en esta España de hoy no estamos para muchas alegrías, el Niño dejó también argumentos de sobra para sus detractores. Falló dos goles cantados. Yo me quedo con que con él apareció la Roja y los italianos empezaron a sufrir. Los que había en Polonia y los que lo veían desde su casa.

                 Hay que consolarse pensando en todo lo que se puede mejorar a poco que se pongan los medios. La desaparición de Arbeloa se antoja imprescindible. Sus autopistas a Cassano, su debilidad en el choque y su nulidad en cuanto pisa el área contraria fueron desesperantes. El regreso de Ramos al lateral no debería postergarse. Otro invento que no ha funcionado. Lo de Alonso ya no es invento. Es una afrenta nacional -ya sabemos que la prensa merengue se considera de un país aparte-. Creíamos que su capacidad para perder balones había alcanzado el cénit. Pero crece con los años. También crece Iniesta, como enorme futbolista, pero hay que ponerle alguien a quien le pueda dar el balón dentro del área. Yo reclamo a Torres y, si no, a Llorente. Pero déjese usted de ñoñerías, seleccionador.

                 Lo increíble del asunto es que un barco que hizo aguas por tantos sitios, no acabara hundiéndose. Hace una década, Italia nos habría masacrado. Ayer, cedió un empate y no acabamos ganando porque Torres sigue sin estar fino de cara a puerta. Es tanta la diferencia de calidad entre los futbolistas de España y el resto que incluso se pueden permitir a Del Bosque, Arbeloa, Alonso y a los corifeos exigiendo más madera blanca para el fuego patrio. Un poco de sentido común puede aún llevar la nave a puerto. Estoy convencido que el seleccionador rectificará.

                

     

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