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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Gastronomia

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 19
    Marzo
    2011

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    XEMEI

     

    A los pies de la montaña de Montjuic, en el popular barrio de Poble Sec, en Barcelona, donde tantas veces se ha afincando la llegada de extranjeros a la ciudad, parece que el barrio se va amplía con nuevas propuestas culinarias de más allá de los confines de Cataluña.

     

    La ciudad está viva, y las zonas se transforman sin dejar de ser lo que fueron para ser más. Así la historia se amplia y es importante que la memoria no se pierda. Puede que los locales se transformen, los espacios ocupados por unos ahora son de otros, pero siguen vivos, abiertos, y eso da eco a la ciudad.

     

    Xemei quiere decir, en dialecto Véneto, gemelos. Y esta condición tienen los venecianos propietarios, Stefano y Max. Uno había trabajado en el histórico restaurante Ciprinai de la Giudeca veneziana, el otro, que se instaló primero en Barcelona, no.


    El local es un antilocal. Es decir, un espacio donde poco se ha invertido en decoración, muy al gusto veneziano, y eso le proporciona un curioso calor, que podría recordar momentos de cambio en Berlin, o zonas muy populares parisinas.

     

    Aquí se sirve cocina italiana, en general, pero en particular con atención especial a las especialidades lagunares. Así que nos encontramos con un restaurante italiano pero con especialidades Venetas. Teniendo especial gracia todo ese “chiqueteo” o tapeo que se ofrecen en las tabernas de la ciudad que se casó con el Adriático, sarde en saor, unas sardinas que se han rebozado, frito y se convervan con una cebolla pochada en un escabeche donde participan, a veces, las pasas, bacalá mantecado, una brandada que se elabora en diversas zonas del norte italiano, desde Verona hasta Venecia, cada una con su peculiaridad,, y toda una serie de juego, frituras, o maceraciones donde la parte principal se la lleva el mundo marino más popular. Un mundo muy bien conocido y apreciado por la gastronomía de ésta zona, atenta a los cambios de estación, a los productos frescos, y que se mueve, como debe de ser y con la sabiduría que eso proporciona, con la frescura de los productos de cada época. La estacionalidad no es un invento de la modernidad, sino un atributo de la cocina popular.

     

    Me llama poderosamente la atención el poco equilibrio que hay entre esa “descuidada” modernidad, el gusto por el producto  que por el disparar los precios como si fueran locales donde el gasto también se ha ejecutado sobre mobiliario, espacio y comodidad.

     

    Nunca hablo de que regalen las cosas, ni que no se cobren lo que valen las cosas, más si la calidad es la que debe de ser y todos agradecemos, pero hay detalles que resultan altamente llamativos, como que el pan, para una cena de 15 personas, sean 5.000 de las antiguas pesetas, cuando no se ha puesto sobre la mesa ningún aperitivo que sirva realmente de aperitivo. El pan, eso sí, de una calidad notable. Aunque parece claro que en una ciudad que tiene un nivel altísimo de panaderos, los hosteleros que se preocupan por producto de calidad, deben de prestarle mucha atención a éste apartado. Además, creo sin ninguna duda, de que el pan representa un punto culto, por la obstinación de ofrecer gustos perdidos que deben de ser conservados y bien reproducidos.

     

    Xemei puede ser un buen local italiano, sí, pero sería realmente más apropiado si no tuvieses la sensación de que ese “buen rollismo” no se cobrara a precio de lujo.

     

    Si algo nos han enseñado los tiempos modernos es a no fiarnos de los “trajes de rey”. Es cierto que el envoltorio no lo es todo, y que debe ser el fondo el que también cuente. Pero querer igualar con el precio al alza la estética de los correcto con lo sublime, me parece algo desalentador para la “bistronomía”.

     

    Mi experiencia es contradictoria: un aperitivo correcto de cuatro tapitas, que servidas en una minúscula barra tiene gracia, con un cocinero casi trabajando en exclusiva para ti, tiene ese punto de japonés canalla sin ojos rasgados, que se agradece, pero luego el espectáculo viene cerrado por una cena desastrosa, donde si bien es cierto que la bebida grupal fue abundante, hubo una tomadura de pelo desconsidera con el precio final.

     

    Un arroz absoluta desastroso, un cabrito deshilachado. Una carne sin sabor. Lo más llamativo una buena mozzarella.

     

    A veces la bistronomía se burla del comensal. Y Xemei ha sido un ejemplo para 15 viajeros bienintencionados y entregados. Lástima.

     

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