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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Gastronomia

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 21
    Octubre
    2011

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    VICOOL BY AROLA


     

     

    En la calle Huertas nº 12, en Madrid, el nuevo local, chiringo, gastrobar del cocinero Sergi Arola. Muy en el centro, a unos metros del nuevo “Estado Puro” de Paco Roncero.

    Siete apartados componen la carta, con precios que van de los cinco a los 18€. Más en la línea de raciones que en la de pinchos. Con una carta de vinos bien seleccionada, donde hay dos referencias murciana, un “Casa Catillo” de jumilla y un yeclano “Viñas de la casa de al lado”.

    El servicio perdido como un higo chumbo en un aeropuerto. El menú del día a 14,95€, que probamos y estaba compuesto por un tartar de vieiras con jugo de lima, acompañado por unas hojitas de lechuga baby, “las hojas de cogollitos de tudela”, en bol con mucho hielo, para que sirvieran de soporte para los rollitos que se deberían de elaborar con las dos materias. De segundo una coca de atún, tomate, guindillas y trocitos de bacon. Para terminar un vasito con crema de requesón y frutas rojas.

    Los platos eran interesantes, y se podría decir que generosa la coca, donde resultaba un poco incomprensible que el atún, en cubitos, hubiera pasado por el horno, consiguiendo una textura desagradable y altamente salada, pero que evitándolos, pues tampoco es que hubiera demasiados, el plato resultaba satisfactorio.

    A tres semanas de su apertura Vicool se muestra como un local que tendrá problemas para encontrar mesa, ya que no admiten reservas. Demasiado estrecho la parte de la barra, donde algunos comensales se verán perjudicados por el constante paso hacia los baños, o por el trasiego de los camareros. Cumple su función, pero no me ha dejado ninguno de los rasgos ingeniosos que Arola ofrece en su cocina. Si no tuviera el apellido de quien tiene diría que ni bien ni mal. Viendo de donde viene me parece que hay que apretar bastante las clavijas. Hay que ver lo que puede hacer un mal servicio cuando una vez traída la cuenta se le pide un café. Como para no volver, vamos.

     

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