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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Gastronomia

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 08
    Julio
    2011

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    Tratado de cocina para mujeres tristes

     

     

     

    Dice el poeta alemán Bertolt Brecht “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.”

    Para mí, quien llega a dejar un libro de cocina es de los que lucha para siempre, más si ese libro está escrito para mujeres tristes. Porque la cocina tiene como fundamento querer transformar lo cotidiano en alegría.

    Héctor Abad Faciolince nació colombiano el mismo año que yo vine al mundo, el 58 del siglo pasado.Cuando se mandó el primer satélite americano al espacio exterior o se llegó por primera vez al Polo Sur.

    Pero  Don Héctor escribió en 1996 lo que sería, hasta el momento, su obra más traducida. En ella nos regala los remedios contra muchos males.

    Nada más iniciar el libro su autor nos dice: “mi fórmula es confusa. He hallado que en mi arte pocas reglas se cumplen. Desconfía de mí, no cocines mis pócimas si te asalta la sombra de una duda. Pero lee este intento falaz de hechicería: el conjuro, sí sirve, no es más que su sonido: lo que cura es el aire que exhalan las palabras”.

    Así son de juguetones los poetas y visionarios, lanzan propuestas y esconden la razón de seguirlas. Los escritores son unos mentirosos que dicen la verdad, y aquí, aunque encontramos recetas con animales misteriosos, como el ancestral celacanto, o como el dinosaurio, no estamos hablando propiamente de un libro de  culinaria, ni básicamente para mujeres tristes, pues muchas de ellas, o de los ellos que quieran acercarse hasta sus líneas o hasta el sagrado recinto de los fuegos, sonreirán placidamente con las ocurrencias, metodologías  y las soluciones a diversos problemas que plantea el casi radiofónico autor, pues en algunos casos el libros podría simular uno de aquellos programas radiofónicos donde una Señorita Francis de conocimientos infinitos hablaba tanto de virginidades como de malos alientos, lo mismo que Don Héctor, que recomienda soluciones poéticas para el mal aliento o para el rito del sosiego: “dos sillas y una mesa, un paté de hígado de ave, tostadas de pan fresco y trigo íntegro, una botella helada de vino de Sauternes, y frente a ti la cara del amigo, de la amiga, el rostro que conoces, uno de esos que con solo verlos nos devuelven la calma.”. No sé si diría que son recetas infalibles, pero sí que son recetas que vana a acercarse mucho a la solución final, no porque llegue a conseguir sus pretendidos fines, sino porque las acciones de realizarlas son generalmente de una cordialidad, ligereza y placer, que van a suponer, en sí mismas, una motivación para la felicidad, un consejo inolvidable, o un  aliciente para aumentar la sonrisa perversa que nos acerca más a la vida.

    Si tuviéramos que basarnos en las propias palabras del autor, y hiciéramos caso del “arte fisiognórnico”, deberíamos darnos cuenta de que éste libro se puede convertir en un buen aliado en nuestro tiempos presentes y futuros, como lectores o como guisanderos de acciones que nos alejen de estados de postración hacia estados de emoción diversa, despierta y alejar toda nota de negatividad en el camino. No hablo que este peculiar tratado culinario haga las veces de libro encantado, que todo se andaría si leyéremos los libros con menos reticencias y credulidad más abierta, casi infantil, donde el todo es posible, y las implicaciones que nos pide se van cumpliendo con religiosa aceptación mágica. Digo que al mirar las palabras y las formas del libro nos daremos cuenta que es de esos amigos a los que nos es placentero volver de vez en vez, que no hay que hacer esfuerzos continuistas, pues sus partes pueden ser leídas con absoluto alborozo cambiante. Libro donde el fin no está en conocer al dedillo las preparaciones, sino dejarse embriagar por el aire/sonido que ellas llevan y levantan.

    Debemos de pensar que hay culinarias que son para alimentar otras partes de nuestro cuerpo. Y ahí radica la extraordinaria originalidad y ligereza profunda de ésta líneas de cocina para el espíritu y a veces también para el estómago.

    “Mi ambición es buscarle solución a tu melancolía y el camino verdadero me lo dio un poeta de Inglaterra, aquel que hizo decir a uno de sus personajes, casi loco de exceso de cordura: "Dame una onza de almizcle, buen boticario, para perfumar mi imaginación". Yo no quisiera ser nada distinto a eso, un buen apotecario, un farmaceuta, el dueño de las recetas para perfumar tu fantasía.”

     

     

     

     

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