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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Gastronomia

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 23
    Abril
    2011

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    ¿PODEMOS LLAMAR BARRACAS A BARRACONES DE METAL Y CAÑIZO?

     

     

     

    Al acercarnos a cualquier casa, hotel o restaurante, ahora que andan enloquecidos algunos canales  televisivos ofreciéndonos visitas a espacios de ensueños, me entra cierto retortijón estético cuando voy viendo como se levantan diversas barracas de esas que tienen, dicen con la boca chica, a exaltar la huerta murciana.

     

    El hecho de que nos hagan creer que esos merenderos levantados sobre uralitas y cañizos, y que ocupan jardines y plazas de la ciudad, tienen algo que ver con las barracas de la huerta, es algo que clama, ofende y deja la duda de si realmente nos toman por tontos, o por muy tontos.

     

    Lo que debería ser la preocupación para las peñas huertanas de que vistieran estas edificaciones con la elegancia y el barroquismo propio de esas construcciones ancestrales, se queda en el hecho de merenderos desangelados, donde ni se cuida la estética, ni el servicio. Y nos hacen pensar que bastan las buenas intenciones, cuando en realidad, de buenas intenciones son pocas los que vemos en esos desolados comederos, reinos del plástico y la incomodidad.

     

    La huerta tenía una estética muy concreta, generosa, desordenada, exultante, que nada tiene que ver con estos infectos lugares que hoy llaman barracas, cuando en realidad deberían llamarlos negocios encubiertos. Porque si las cosas dan su primera impresión por la vista, la vista de estos espacios, deja mucho que desear. De eso hay poco que hablar. Y parece que la discusión, en esos terminas está tremendamente cerrada. ¿O no?.

     

    Mañana mismo volverá el reino tiznado de la ocupación. Parece que la metáfora de la destrucción huertana se hace visible en la ciudad. Plástico y  Uralita frente a Naturaleza. Pero aquí nadie levanta la voz, no señala con el dedo. Asimilar este desorden estético/gastronómico es hacer patria. Pero una patria de todo a 100, con platos que se revienen al servir los productos calientes.

     

    Tal vez no podíamos haber encontrado un estandarte más desalentador para hablar de exaltación. Pero es lo que se tiene al vivir en reinos ficticios. Durante ocho días de pasión para la hostelería las barracas abren llagas.

     

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