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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Gastronomia

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 07
    Agosto
    2011

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    PLINIO, DON LOTARIO Y LA COCINA POPULAR

     

     

     

    Que la novela policiaca posee raigambre en nuestra España rural se lo debemos, parte del impulso, al nombre propio y la obra de Don Francisco García Pavón. No solo porque publicó ocho novelas y cuatro libros de relatos con el Policía municipal de Tomelloso Plinio como cabeza de cartel, y su ayudante Don Lotario, sino porque con estas obras consiguió el respeto de una crítica, y premios importantes dentro e la categoría de libros literarios, no libros de premios.

    "La guerra no produjo un millón de muertos. Dejó un millón de enterrados y nadie sabe cuántos millones de muertos andando, agonizantes o sin hombre dentro” Nos deja dicho en Las hermanas Coloradas. Quien así habla/escribe sabe mirar.

    Por ello sería imposible que las andanzas siempre entretenidas del policía municipal de Tomelloso, y el farmacéutico ayudante o personaje que servirá de punto de reflexión, no miraran de manera cervantina la culinaria popular de una tierra rica en sabores y tradiciones.

    En las obras donde Manuel Gonzáles, alias Plinio, pasea su saber y su capacidad de deducción, le veremos comer migas, berenjenas de Almagro, pisto, pipirrana, gachas, galianos, asadura, chuletas, queso manchego en aceite, jamón, sandías, uvas, churros y  buñuelos, tortas de Alcázar y mantecados, arrope y mostillo, y desde luego beber vino, orujos mistelas y confituras variadas.

    De las veces que he ido a visitar Tomelloso para comprar vino con el Doctor, siempre recalábamos en casa de su amigo el abogado Casajuana, con quien había coincidido  haciendo las milicias en Canarias y trabaron buena amistad. El abogado tenía la costumbre de introducir en las conversaciones las palabras “calla, escucha”. Así que cuando llamaba a casa, o iba a venir a vernos, le decíamos al Doctor: “te ha llamado el Callaescucha, avisa su llegada”, y mi padre, que sufría las invasiones lingüísticas del letrado se reía de buena gana.

    Valentín Casajuana era hombre risueño, heredero de la importante casa de brandys Casajuana, y siempre nos recibía con los mismos quesos en aceite y vinos que debían de comer y beber Plinio y Don Lotario mientras trataban de descubrir al asesino de alguno de sus casos.

    A veces la tradición, si no se realiza con el respeto y la clasicidad necesaria, se convierte en una burla de ella misma, como nos sucede aquí cuando se acercan los tremendos días del bando de la huerta, donde la cocina se convierte en una excusa comercial y esperpéntica, y no en una dignificación de la idiosincrasia de una sociedad determinada.

    Prueba de que la tradición ha sido asimilada convenientemente es que han surgido en esa zona de Castilla La Mancha importantes restaurantes y cocineros que basándose en el respeto y la compresión de la clasicidad, han dado el paso necesario para crear no solo la tercera vía de la cocina, la que toma la tradición para llevarla a la modernidad, gracias a las aportaciones que nos regala la vanguardia, sino  para reinventar esa tradición y convertir la modernidad en un nuevo estadio necesario y con suficientes bases.

    La escuela creada por Don Manuel de la Osa desde Las rejas, en las Pedroñeras, con ese alumno genio que es Jesús Segura García, o la escuela creada por Pepe Rodríguez rey en el Bohío de Yllescas, son la muestra evidente de que los platos comidos por Plinio siguen estando presente. La Tradición no pesa. Debe de ser el empuje del mañana.

     

     

     

     

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