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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Gastronomia

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 16
    Diciembre
    2010

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    LA ELECCIÓN


    Estos días son propicios para reunirnos con los amigos, para festejar no sólo los días de navidad que vienen, sino para alentarnos de que un año más ha pasado. Trabajo, grupos de amigos que hace tiempo que no se ve, los del gimnasio o los de tal o cual asociación. Se busca la excusa para festejarnos.

    En las comidas de empresa se ha pasado de que fuera la compañía quien las pagara a rascarse cada uno de los asistentes el bolsillo y hacerla “a la romana”, es decir, cada uno paga lo suyo.

    En épocas duras para la hostelería nos encontramos con que las ofertas han aumentado, bajando los precios de estas jaranas ostensiblemente, pero debemos de ser conscientes de que si los precios han bajado las calidades y cantidades también se resienten.

    Si los 30/35 € por persona es una cifra más que razonable, cuando vemos lo ofrecido en algunos lugares que prometen comidas por menos de esas cifras, me asombra la amplia credulidad de los que van a contratar, ya que muchas veces acaban con “ingratas sorpresas”.

    Una de las cosas que mayor estupor me supone estos días es la animosidad que hay a que el hostelero acabe regalando botellas de sidra, cava, o combinados alcohólicos con las más variopintas bases.

    No encuentro símil posible. Cuando voy a la carnicería, a la verdulería, o hasta a la gran superficie, banco o pago de la luz, nunca le digo al señor que tengo enfrente “ahora que ya le he pagado póngame usted…”.

    Creo que ese amor por el regalo ha generado una búsqueda de alcoholes de baja calidad para acallar la voz achispada de determinados grupos de comensales, que quieren más por menos.

    La mejor copa es siempre la que se paga uno. Sabe lo que quiere, cómo lo quiere, y cuánto quiere.

    Además pensemos que estos atracos de última hora alargan considerablente la estancia en los sitios donde vamos a festejar. Pensemos por un momento si en nuestros trabajos estamos dispuestos a que los clientes se cuelguen de la ventanilla, del teléfono, o en la puerta, contando historias que en nada nos interesan.

    Realicemos las elecciones que queramos, pero no abusemos. Lo bueno, si breve, no es que sea corto, es que es justo

     

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