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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Gastronomia

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 22
    Agosto
    2011

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    LA CARRETERA, SOLO LATAS

     

     

     

    Al premio Pulitzer de novela Cormac McCarthy le ha salido una novela tan esperanzadora que los grandes fabricantes de enlatados que existen en el mundo deberían de hacerle un monumento con un escrito debajo que pusiera: “quien conserva resiste”.

    En los peores momentos de la humanidad siempre nos quedan las latas parece decirnos el autor, porque a ese personaje anónimo que transita un mundo crepuscular y ceniciento, con un niño como acompañamiento, “lo que más le preocupaba eran los zapatos. Eso y qué comer. La comida, siempre la comida”.

    La carretera” es una reflexión efectista y triste sobre la condición humana. Los paisajes ya no tienen belleza que nos alimente el alma, los ríos y lagos no contienen peces que nos hagan soñar danzas imposibles. El deterioro general se hace evidente El hombre se ha mantenido más que nunca en el hecho de ser un lobo  para el hombre porque nada queda para comer, sino antiguas latas, y cuerpos vivos que pueden ser convertidos en calorías para salvaguardar las dietas de los más fuertes.

    “Efectivamente se estaban muriendo de hambre. Una región saqueada, esquilmada, arrasada. Desvalijada hasta las últimas migajas. Noches de un frío intenso y una negrura de ataúd y la mañana tardaba en llegar y traía consigo un silencio terrible. Como el amanecer previo a la batalla. La piel color de cera del chico era prácticamente translúcida. Con aquellos ojos de mirada fija parecía salido de otro mundo”.

    ¿Se han preguntado ustedes cómo serían capaces de sobrevivir a una hecatombe de estas características? ¿si pertenecerían al grupo de los devorados o de los devoradores, de lo que sobreviven o de los que caen y se convierte en resto, en memoria, en historia?

    No quiero ser excesivamente catastrofista en estas mañanas soleadas de un verano de altas temperaturas, con el mar siempre dispuesto a rebajarnos nuestros calores,  con el tiempo de unas vacaciones que transcurren lentas pero implacables en su carrera hacia el final. Pero si tuviera que responder ahora mismo a la pregunta que realizo…

    Hay una parte culinaria que me ha gustado en ésta novela, y radica en la idea de utilizar diversas latas para cocinar entre ellas. Pongamos un ejemplo. Imaginemos un guiso de cerdo/ternera/perdiz, y una lata de maíz, de alubias o de cebolla. Aprovechar la grasa de la lata de carne para saltear las verduras es una solución muy enriquecedora, y que las verduras nos sirvan de base y soporta para la parte más proteínica.

    La carretera” es una novela seria, donde no hay posibles bromas. El gesto del lector es duro, tenso. El viaje que practicamos en compañía de los dos personajes centrales, padre y niño, nos lleva a nosotros mismos a contemplar un mundo que de la noche a la mañana podría sufrir una transformación extrema y convertirnos de sedentarios hombrecillos de a pie, en nómadas que luchan por su vida. Por ello no estaría de más que estos días, cuando se acerquen al supermercado o centro comercial favorito, miren con más atención la sección de enlatados, un día podrían ser nuestra salvación, y aprender a conjugar sus grasas y sus propiedades hasta podría convertirnos en unos envidiados supervivientes, con el consiguiente riesgo, claro, pero sabiendo que hay posturas que conviene mantener aún en las más extremas de las circunstancias. Ser un dandy camino de la perdición tiene algo de divertido, aunque no sea excesivamente realista.

     

     

     

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