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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Gastronomia

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 13
    Julio
    2011

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    La Biblia: la manzana, el maná, ¿con qué quedarse?

     

      

    De la manzana al maná hay un paso. Aunque los dos sean dádivas, una más envenenada que otra, los dos alimentos bíblicos tenían la característica común de volverte a la más cruda de las realidades.

    La manzana no podía tener mucho misterio, aunque hemos visto con el paso de los tiempos las posibilidades que da, que si tarta, que si puré, que si bebida, que si acompañamiento de animales “impuros”. Aunque me da la sensación que o más intelectual y virguero que se ha hecho fue lo que el francés Michel Tramá, y sus critales de manzana, realizó con la susodicha fruta.

    “Era el maná semejante a la grana del cilantro, del color del bedelio o rubicundo, y el pueblo iba alrededor del campamento, y recogiéndole le reducía a harina  en molino, y le machacaba en un mortero, cociéndole en ollas, y haciendo de él una tortitas de un sabor como de pan amasado con aceite.”

     

    Si le hacemos caso a éste texto bíblico ahora resulta que el célebre y buscado maná no es otra cosa que uno de los participantes en nuestro desayuno mediterráneo, o desayuno español que tanto quieren promocionar desde hace recientes fechas. Si por mi santo padre fuese invertiría el orden y más que pan amasado con aceite, lo que a él le chiflaba era inundar de aceite las tostadas que muchas veces cenaba él solo en la cocina.

    Es cierto que el pan es un alimento al que hemos destronado de su misterio y su magia. Lo peor que podía ocurrirle es que nos lo encontramos, bajo el lema de “recién hecho”, en cualquier lugar, incluso esos espacios que despachan la peor colección de alimentos posibles, reinos de las grasas insaturadas, que son las gasolineras autoservicio.

    El pan, ese que procede de masa madre, ese que se amasa con tiempo, que necesita muchas horas para levantarse y conseguir transportar todo el sabor que las harinas deben de llevar en sí, ese que generalmente son piezas grandes que aguantan el paso del tiempo gracias a su humedad secreta y que mezclan harinas blancas con harinas integrales en mayor o menor proporción, el pan, digo, unido al aceite, son lo más parecido al maná. Y teniéndolo ahí delante creíamos que la mayor satisfacción podían ser evanescentes alimentos de exótica enjundia. Y es que en muchos casos perdemos la perspectiva de las cosas y nos negamos acreer que sea lo cercano lo más mítico.

    Aunque claro, para que esa dualidad se convierta en trilogía añadiría sin miedo a errar, que la tercera pata del maná, el tercer sabor que debería de reunir, sería el de una buena pieza de jamón ibérico con el tiempo de curación correcta. Ahí si que la fiesta sería completa. Pan, aceite y jamón. Pero de eso no dice nada la biblia, ni dice que añadir a ese pan con aceite un poco de tomate restregado o triturado es ya entrar en las puertas del cielo. Hay que ver con tan poco como se puede sembrar tanto. De la unidad del maná pasamos a la dualidad del pan con aceite, de ahí al triángulo con el Jamón ibérico, y el cuadrado perfecto se cierra con el tomate, aunque puestos a imaginar figuras geométricas el pentágono vendría dado por un acompañamiento líquido en forma de manzanilla sanluqueña/fino jerezano, que no nos vamos ahora a poner muy tiquismiquis con las geografías, aunque las diferencias sean evidentes, constatables, pero nunca peleables ni bélicas, aunque acepto lo de discutidoras por dar alegría a la tertulia, que tiene que haber de todo, y para todos.

    La Biblia no solo nos abre un camino de orígenes gastronómicos, con el tema de la manzana, o del maná, sino que además nos muestra como se alimentaban los pueblos que por ella transitan.

    Para los que somos amantes de las carnes, más o menos curadas, dejo ésta cita del Deuteronomio, capítulo XIV, sobre todo porque hay una cierta mala leche en el versículo 21: Pero la carne mortecina no comáis nada; la darás al extranjero que se halla dentro de tus muros (que no profesa tu religión) para que la coma, o se la venderás: por cuanto tú eres un pueblo consagrado al señor Dios tuyo.

    Cada uno que saque las consecuencias que quiera. Porque si además de maná luego hay carnaca, el festival está más que argumentado.

     

     

     

     

     

     

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