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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Gastronomia

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 11
    Agosto
    2011

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    HAMSUM Y EL HAMBRE

     

     

     

     

     

    Una evidencia de que los tiempos cambian, sin detenerse en mirar muchas veces hacia atrás, es la obra del escritor noruego Knut Hamsum. Pese a que sus tres primeras obras, Hambre, Pan o Misterios lo consolidan como uno de los escritores ha tener en cuenta, y que llega a ganar el premio Nobel, (1920), sus posteriores defensas del nazismo, tal vez deslumbrado por unos cantos y formas que no sabía a priori los desgraciados y funestos caracteres que tendrían, le despojaron no solo de sus bienes, juzgado al final de su vida por el estado de su país, sino de una consideración que lleva a que hoy, en su Noruega natal, no exista una calle o plaza en homenaje a su figura.

    Pero “Hambre” es una novela cargada de simbolismo para mí. Por una parte el asombro y admiración que despertaron en mi padre, el Doctor, que hablaba de ella como si las andanzas y sufrimientos alucinatorios del personaje anónimo que recorre las páginas de la obra y la ciudad de Christiania hubieran estado muy cerca de su experiencia vital, como tantos habitantes de nuestra guerra civil y su injusta posguerra. Por otra porque la sensación de que vamos perdiendo consciencia de la realidad a causa de la presencia del hambre es un fenómeno que podría parecer imposible si no fuera por su carga dramática:”¿Qué era esta nueva sensación, esta nueva tortura que venía a agregarse a todas las demás? ¿Era consecuencia de la noche pasada sobre la tierra húmeda, o era la inanición?”.

    ¿Qué sentimiento puede tener la gastronomía frente a la ausencia de alimentos?

    No hablo ya de que la carencia notable de alimentos nos lleve a la creación de una gastronomía de lo imaginario, como hemos visto alguna vez en ésta serie, cuando ante la ausencia de producto el saber popular juega con convertir unos aros de cebolla en unos “calamares de campo”. Aquí, en “Hambre” lo que tenemos delante de nuestros ojos de lectores asombrados es la presencia destructora de la carencia de alimentos, que llevan irremediablemente a la ofuscación, al descubrimiento de un mundo irreal que hace que la cabeza vague sin freno por realidades impalpables. Que nos dejen con sentimientos negativos y vejatorios hacia nosotros mismos.

    Ante el hecho del hambre, con su carga constatable de vacío, lo físico prevalece: “Tenía tanta hambre, que los intestinos se retorcían en mi estómago como serpientes, y en ninguna parte estaba escrito que yo pudiera comer algo antes de que terminara el día. A medida de que el tiempo pasaba me sentía más decaído física y moralmente, me dejaba influir por pensamientos cada vez menos honestos

    No deberíamos pensar de que el hambre es una circunstancia que, en ésta aparente sociedad, ha dejado de ser una lacra. Ante la opulencia de nuestro sistema, sus resquebrajados cimientos pueden ofrecernos catervas de situaciones diarias donde el hambre es una palabra de uso común. No una metáfora literaria. “He aquí un mendigo, uno de esos a los que las gentes “bien” tienden su comida por el resquicio de una puerta”.

    La obligación del arte es estremecernos, hacernos reflexionar, y en algunos casos, dolernos, hasta en los recuerdos.”Hambre” es una lectura que nos ayuda a ser más sensibles con la más cruda de las realidades: la del que no tiene.

     

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