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Blog Causas perdidas - M. Vallés

M. Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

Sobre este blog de Nacional

Una cuenta atrás hacia las elecciones más importantes (y previsibles) de la democracia reciente.


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  • 22
    Noviembre
    2011

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    ZAPATERO DA LA CARA, RAJOY SE ESCONDE (+41 horas)

    Rajoy constató su impotencia en el último trato de la campaña, cuando prodigó la aciaga frase “se verá la luz al final del túnel”, tan desacreditada desde que la luz es más lenta de lo esperado. Se anunció primero el vuelco de los indicadores económicos en cuanto las encuestas confirmaran la victoria del PP. No fue así. Se postergó la recuperación salvífica al minuto siguiente de la finalización del recuento electoral. No fue así. Se juró que Rajoy aplacaría a los mercados revueltos, en cuanto pudiera hablar como vencedor del 20-N. No fue así. En el último recuento, la curación sobrevendrá tan pronto como jure el nuevo Gobierno, pero el ministrable José Manuel Soria la posterga a la adopción de la primeras medidas crueles. No será así, y así sucesivamente.
    El cambio no es instantáneo, primera promesa electoral incumplida. Estamos donde estábamos, tal como habían previsto la mayoría de encuestados por el CIS, al expresar su opinión de que la llegada del PP no aliviaría la situación. Los ciudadanos sentenciaron que una cosa era votar al PP y muy otra confiar en este partido. Si se retira la información electoral de la dieta, no se detectaría ningún síntoma de la profunda cirugía aplicada el 20-N por el electorado al país. Y si el noticiero económico continúa demostrando que hasta el apocalipsis puede aburrir a la audiencia, tampoco hay variaciones apreciables en  lo político. Zapatero da la mala cara, Rajoy se esconde.
    Se anuncia que personas tan educadas como Soraya o Jáuregui han tomado las riendas de la situación, pero las fotografías muestran a un Rajoy tutelado por Aznar, de quien se ha hecho inseparable después de insistir en que se le votaba sin obediencias debidas. Entre los incontables crímenes que el electorado descarga sobre Zapatero, no debe figurar la presencia pública del presidente del Gobierno que ha acudido en más ocasiones al Senado y al Congreso. Una vez admitida la gallardía, su anuncio para el PSOE de un congreso ordinario bordeó la ordinariez, y es una noticia más peligrosa para España que la crisis económica. 
    El PSOE ha sido derrotado en 48 provincias y pierde cuatro millones y medio de votos. Pues bien, Zapatero recuerda que sólo han hecho “un primer análisis”, como si el desastre admitiera matices. Los socialistas se curarán con aspirinas, se niegan a enterarse de su irrelevancia creciente. El 20-N no se reeditó la mayoría absoluta de 2000 –un premio a Aznar–, ni el vendaval socialista de 1982 –constatación del desvanecimiento de UCD–. Las elecciones generales  del domingo fueron una condena a muerte, sin resurrección garantizada. Al partido hegemónico de la izquierda se le han marchado los irreductibles, las personas que nunca imaginaron otra opción vital. Desactivarlos ha sido mucho más fácil que reactivarlos. 
    Se habla de travesía del desierto, pero el PSOE se ha quedado sin desierto que atravesar. Por lo visto, aguarda pacientemente su autodestrucción. Entre su letal indiferencia y la pasividad del huidizo Rajoy devuelto a su madriguera, nos esperan emociones fuertes. Pero eso es otra historia, la del 20-N se acabó.
     

     

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