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Blog Causas perdidas - M. Vallés

M. Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

Sobre este blog de Nacional

Una cuenta atrás hacia las elecciones más importantes (y previsibles) de la democracia reciente.


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  • 02
    Junio
    2014

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    Un mal día para abdicar

    El Rey toma ejemplo de la discreta jubilación de Benedicto XVI, y quizás por los mismos motivos. En una democracia paternal o papal, Juan Carlos de Borbón renuncia a la edad aconsejada a las dignidades eclesiásticas, pero en el peor momento para su país. El día siguiente al anuncio por parte de Rajoy de las dificultades de modificar la Constitución, no parece la fecha más adecuada para la dimisión de su supremo garante. Es desafortunada incluso la coincidencia con la borrachera de un magistrado del?Constitucional.
     
    Juan Carlos de Borbón pone a prueba el automatismo indemostrado de la sucesión, por mucha “normalidad” que prescriba Rajoy, el gobernante más desacreditado de la democracia a los tres años de mandato. España vive su peripecia más convulsa desde la muerte de Franco, plasmada en unas europeas que han dinamitado el bipartidismo y han propiciado el tránsito. El Rey abdica para no tener que recibir a Pablo Iglesias en La Zarzuela, con un referéndum para la independencia convocado en Cataluña, y con la crisis como asfixiante realidad para la mitad de sus súbditos.
    La transición vuelve a finalizar. La renuncia se hace más comprensible si el Rey ha barajado la hipótesis de que su actual valoración solo podía empeorar, y que los acontecimientos desgraciados iban a continuar, intensificándose y sin dar un paréntesis al sosiego. En estas situaciones, los manuales abonan la salida del entrenador y la apuesta por la incertidumbre de un sucesor de la cantera. Por desgracia, el fútbol puede permitirse la frivolidad impropia de la vida real. O regia.

     

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