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M. Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

Sobre este blog de Nacional

Una cuenta atrás hacia las elecciones más importantes (y previsibles) de la democracia reciente.


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  • 25
    Febrero
    2014

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    Rajoy imita el 'Salvados' de Évole

    La economía española funciona con tal soltura que Rajoy ya puede vivir sin cobrar sobresueldos de Bárcenas. El discurso del presidente del Gobierno obliga a preguntarse en qué país vive, suerte que Jordi Évole había adiestrado el domingo a la población sobre los intríngulis de la realidad-ficción. Por supuesto, la reedición matutina de ‘Salvados’ en el Congreso tuvo menor audiencia que el original, pues el líder del PP es un actor limitado y no sabe disimular el fingimiento de las fantasías que esboza.


    Rajoy es un Jordi Évole sin gracia, desde el preciso instante en que canta “España al borde del precipicio” y demás titulares de años atrás. Son epígrafes de periódicos que no puede leer porque no sabe inglés. También han sido seleccionadas las informaciones que hablan de ‘Salvados’, aunque se tiene que agradecer al presidente que no incluyera ningún texto triunfal de ‘Marca’, aunque el liderazgo del Madrid le preocupa más que las estadísticas del paro. Y no deja de tener gracia la confianza ciega en la prensa del gobernante que más ha despreciado a los periodistas, y que jamás se ha sometido a su escrutinio.


    Según la fantasía de Rajoy, los españoles ya no están al borde del abismo. El arranque de “triunfalismo” y “autocomplacencia”, por citar los vicios en que incurrió mientras insistía por partida triple en que los rehuía, olvida que más de diez millones de personas se han despeñado por el precipicio, sin perspectivas de mejora. Al más puro estilo de la farsa sobre el 23-F, el líder del PP se regodea en los tres millones de parados que se acumularon durante la segunda legislatura de Zapatero. Omite que esa cifra ha aumentado en más de medio millón durante su mandato. A fecha de hoy, España cuenta con más desempleados que a la llegada de la derecha al Gobierno, que cursa su tercer año. En campaña, Rajoy anunció que le daría la vuelta a la situación en seis meses. Ese plazo ha transcurrido por cinco veces, y el dinosaurio sigue ahí. En fin, fanfarronea de haber descongelado las pensiones quien las ha subido en menos de un euro por cada mil. Por no hablar de que ha gobernado como rehén de la troika, que tampoco figuró en el discurso de ayer.


    “No hemos necesitado que nadie acudiera en nuestro rescate”. Otro golpe de Évole, que olvida el rescate bancario a devolver a Europa, y los sesenta mil millones pagados por los contribuyentes para reflotar a cajas gobernadas por el PP en Madrid o Valencia. El presidente del Gobierno no aludió en una sola ocasión a la deuda pública y a la morosidad bancaria, porque hubiera deslucido su farsa. También se le olvidó que la recuperación renqueante es mundial, sin que su gobierno haya mejorado el ritmo de otros países. España sigue encabezando el paro europeo, junto a Grecia.


    España no ha salvado al mundo, como pretendió Rajoy en su narración novelada, sino que el mundo ha logrado evitar el contagio de España. Tanto las propiedades como los trabajadores están a precios de saldo, de ahí el “atractivo de España para las inversiones”. El presidente citó los titulares grandilocuentes que llaman a España la nueva Alemania. No seleccionó ninguno de los que equiparan a su país con China, mucho más abundantes.
    Cuando un político presume de “llamar a las cosas por su nombre”, se consolida la certidumbre de que está mintiendo. El latiguillo se justifica porque Rajoy trazaba el mapa de un país irreal, por no hablar del dudoso crédito que merece el gobernante que entregó todo el poder económico de su partido a Luis Bárcenas. Cobrando, claro. Sin embargo, ayer presumió de transparencia frente a la corrupción, una pirueta que ni su maestro Évole hubiera sido capaz de amaestrar. De no tratarse de una invención, cabría achacar cinismo al presidente del Gobierno, que aparece como perceptor de dinero negro en la caja b de su partido. Desea conseguir que “cueste más corromper”, lo cual invita a pensar una subida de los sobresueldos habituales ebn su partido.


    Al igual que Évole, también Rajoy contará de periodistas campanudos para respaldar sus patrañas. Pese a la insistencia en que los prodigios “empiezan a verse” porque el país se halla en el “camino correcto”, la única evidencia es que la situación ha tocado fondo porque no podía empeorar. Ahora sí milagrosamente, la caída al abismo se ha producido sin una revuelta social avizorada por instituciones

     

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