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M. Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

Sobre este blog de Nacional

Una cuenta atrás hacia las elecciones más importantes (y previsibles) de la democracia reciente.


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  • 17
    Noviembre
    2011

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    RAJOY BUSCA MINISTROS DE SEXO VARIABLE (–79 horas)

    Al escuchar a Rajoy, se alcanzan dos conclusiones. Primo: Nos tomamos las elecciones demasiado en serio, en proporción a la importancia que les concede su principal protagonista. Secundo: El PP también ganaría el 20-N con Rubalcaba como candidato, aunque en este caso aumentaría su ventaja. En las entrevistas obligatorias de final de campaña, que el aspirante popular preferiría no conceder porque le incomoda hablar de sí mismo, pierde más votos que en el debate televisado. Le inquieren razonablemente:
    –¿Sabe ya quién será su ministro de Economía?
    –Sí.
    –¿Es hombre o mujer?
    –Depende.
    La zoología nos ilustra sobre el efecto que la temperatura de incubación puede tener sobre el sexo de las crías de determinados reptiles, por no hablar de la abundante fauna hermafrodita, pero todos los Gobiernos de que se tiene noticia cuentan con ministros de identidad sexual propia y libremente elegida. La prima de riesgo, también asexuada salvo en lo tocante a Berlusconi, cursará por lo visto con extraños efectos sobre la fisiología del vicepresidente económico. O vicepresidenta, según el día de que hablemos.
    Rajoy ampliará la norma legal fetiche de Zapatero en Ley de Dependencia Sexual, y abrirá cada consejo de ministros con un comedido “¿qué sexo tenemos hoy?”, para aplicar el lenguaje de género correspondiente. O tal vez la sorpresa económica que nos tiene reservada el candidato popular consiste en nombrar vicepresidente a ‘Merkozy’, el amo de la economía europea que conjuga dos sexos y casi tantos cerebros.
    La excitación provocada por un ejecutivo de geometría y sexo variable confirma que hablamos del Gobierno para no hablar de Rajoy. El candidato se niega a compromete cifras concretas de reducción del paro, “porque no es serio”. A traducir por “no tengo ni idea sobre cómo afrontar el desempleo masivo”. A continuación, Rajoy promete la felicidad, que es inconmensurable, a falta tan sólo de aclarar si se refiere a la terrena o a la eterna.
    El eslogan de Rajoy en la primera fase de campaña era “hay que pencar con lo que hay”. Ahora que algo empieza a moverse en torno a sus limitaciones, ha corregido el lema de su Gobierno en el memorable “a mí no me van a encontrar”. Subestima la capacidad olfativa de la dichosa prima, los tiempos viajan tan deprisa que Rajoy ya parece afectado por el erosivo síndrome de La Moncloa. España elige a un presidente en el que no confía en exceso. Recíprocamente, el elegido sólo le pide al poder que no le molesten demasiado. Sobre todo los días de partido.
     

     

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