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Blog Causas perdidas - M. Vallés

M. Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

Sobre este blog de Nacional

Una cuenta atrás hacia las elecciones más importantes (y previsibles) de la democracia reciente.


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  • 12
    Diciembre
    2013

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    La pregunta debió ser "¿sí o no?"

    La Generalitat cocina un referéndum para que Cataluña sea independiente, y La Moncloa elabora otro para que deje de serlo. En estas líneas se demostrará que el referéndum asusta más que la independencia, porque las consultas las carga el diablo ciudadano, en tanto que los Estados más antagónicos se hallan sometidos a la misma banca. Los presuntos partidarios de entregar el destino catalán a la población llevan meses enredando con el formato de la pregunta.


    Barajaron la inclusión de los términos “soberanía”, “independencia”, “Europa” o “Neymar”, hasta alumbrar un doble interrogante evasivo, con coitus interruptus y marcha atrás. También aquí disponemos del enunciado que debió ser elemental, “¿Sí o no?” Tres monosílabos, y ni el votante más huidizo se llamaría a engaño.

    El referéndum sobre la continuidad de la independencia catalana es el primer ejemplo en que los líderes de ambos bandos son arrastrados por sus correligionarios. Así, a Artur Mas le han impuesto un independentismo en el que no cree. Una vez descrito el pánico de CiU a la consulta que patrocina, el PP contraataca que deben pronunciarse todos los españoles, como si el partido de?Rajoy avalara un referéndum estatal. Se trata de una bravuconada ficticia, el Gobierno se rendiría a la pretensión separatista más absurda antes que convocar a la plebe, siempre imprevisible. Los españoles sólo podrán manifestarse a través de sus disciplinados representantes, se les amordaza la voz individual.

    Como escribía John Locke –sí, el John Locke– al redactar la constitución monárquica de la Carolina norteamericana, “debemos evitar la erección de una democracia numerosa”. La hostilidad al pronunciamiento colectivo también atenaza el España-Cataluña, un cerrojazo donde ambas partes amagan con un pronunciamiento millonario pero sin acabar de fiarse de sus partidarios. En este país, cualquiera de los dos, está todo por hacer porque no hay nada que hacer. A propósito, el experimento de Locke fracasó estrepitosamente.

     

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